7 motivos por los que Ghost in the Shell no ha sido el éxito esperado

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A día de hoy, ‘Ghost in the Shell: el alma de la máquina’ acumula en la recaudación mundial de unos 163’5 millones de dólares (datos de BoxofficeMojo), una cifra que se nos antoja escasa teniendo en cuenta su presupuesto (110M$) y la enorme campaña de márketing que ha tenido. La crítica internacional tampoco ha sido generosa con ella, se habla de una película sin alma, jugando con la tipología de las palabras del título. En referencia a esto, uno de los principales lastres de esta producción es quizás el haberse gestado al 100% en gran estudio vía Hollywood, con todo lo que ello supone. Cierto es que un proyecto así no puede hacerse sin grandes recursos económicos, de ahí que destaque especialmente a nivel técnico, de hecho, la estética ciber-punk y la recreación visual del universo creado por Masamune Shirow es quizás lo mejor de la cinta. En cuanto al anime original, pese a ser un producto de coste elevado, también estaba considerado cine claramente de autor y enfocado a un público adulto.

Aún y así creemos que existen varios factores a analizar, como para que pueda considerarse esta película como uno de los fiascos del año, muy a nuestro pesar. Ahí van nuestros argumentos:

1- Un casting poco inspirado

Dejando las polémicas étnico/raciales a parte, y pese a contar con una estrella cabeza de cartel como Scarlett Johansson en el rol de la Mayor, el reparto podría haber sido muy mejorable. La actriz de ‘Matchpoint’, más allá de lucirse en mallas y demostrar que está físicamente en forma, no nos da la sensación que haya entendido perfectamente el papel, y a nivel interpretativo desprende una cierta desgana. Vale que hemos tenido muchas versiones diferentes de la Mayor, tanto en formato cine, serie o cómic. Incluso aquí cambia de nombre, no es Motoko Kusanagi sino Mira Killian… pero aún y con esas, Scarlett ni aporta matices, ni nos transmite lo suficiente como para diferenciarla de otros papeles “físicos” que ha realizado anteriormente como en ‘Lucy’ o ‘Los Vengadores’. Quizás nos nuble la vista el hecho de que ya habíamos visto a la mejor encarnación posible de la mayor Kusanagi en una actriz de carne y hueso: Carrie Anne Moss, y su Trinity de la saga ‘Matrix’. (Las hermanas Wachowski reconocen que ‘Ghost in the Shell’ fue una clara fuente de inspiración para sus películas).

El caso de los secundarios es desigual: Merece una primera mención el veterano actor/realizador japonés Takeshi Kitano, todo un mito en el país nipón, y también en occidente, claro. En esta ocasión encarna a Aramaki, líder de la Sección 9, destinada al cibercrimen. El actor de ‘Zatoichi’ aún desprende el carisma de antaño, pero desgraciadamente su personaje está tan desdibujado que queda como ese “toque exótico” y roza la caricatura. En el papel de Bato, Pilou Asbaek (Euron GreyJoy en ‘Juego de Tronos’) nos ofrece una versión del personaje bastante decente y fiel al original, lástima que su química con Scarlett deje bastante que desear.

También tenemos a una Juliette Binoche, que aunque posee las tablas necesarias para cumplir, da la sensación de estar cubriendo el expediente, estando algo desubicada en un rol muy diferente a los personajes que ha interpretado en su carrera. Por el lado positivo, tenemos a Michael Pitt, que aunque su personaje no tiene mucho tiempo de lucimiento, tiene su momento de gloria y si que nos llega a evocar con su monólogo al “Marionetista” del anime. Finalmente vemos fugazmente a Togusa (interpretado por el actor oriental Chin Han), un personaje importante en el manganime, por tener ese componente más “humano”, y que ha sido completamente ninguneado en esta película.

En definitiva, más que la calidad de los actores/actrices, el filme peca de una nula dirección de los mismos, que no saben cómo afrontar sus papeles y con poco metraje para los que más lo merecen y un excesivo foco para una protagonista sin demasiado entusiasmo por su rol como la Mayor.

2- Un realizador inexperto

Rupert Sanders no contaba con una carta de presentación demasiado esperanzadora cuando fue contratado. Con tan sólo la mediocre ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ en su currículum no podíamos esperar una obra maestra de su adaptación de ‘Ghost in the Shell’. Es obvio que se trata de un caso claro de realizador de estudio, y que probablemente haya tenido que ceder a muchas decisiones que han ido más allá de su poder. Esto se percibe ya que por un lado se ven buenas intenciones y cierto “respeto” al material original de Mamoru Oshii (algunas de las secuencias de acción del anime están prácticamente calcadas plano a plano como la escena con la misión inicial, salto del ángel de la Mayor incluido, hasta la mítica persecución con el basurero “hackeado” y la posterior pelea en el agua), pero por otro, también añade algunas escenas completamente prescindibles y de relleno, sin apenas cohesión entre ellas.

¿Hubieramos preferido un realizador con más tablas? Seguramente, ya que a Sanders al que no se le niega cierto pulso en la creación de secuencias de acción, patina notablemente tanto en la dirección de intérpretes como en la realización de los momentos más dramáticos, con lo que tenemos un producto final bastante descompensado.

3- El hándicap del anime

Partiendo de la base que el anime de Mamoru Oshii está considerada una obra maestra por expertos en la materia, las comparaciones estaban destinadas a ser odiosas. En nuestro criterio, y aunque tiene elementos de altos quilates, la cinta de 1995 no es ni mucho menos perfecta. Lo que es innegable es que filme de Oshii supuso todo un impacto y se convirtió fugazmente en un referente para la evolución posterior de la producción y animación japonesa. Hay que tener en cuenta la complejidad del Manga de Masamune Shirow, y el solo hecho de sintetizar tanto volumen de información en un largometraje de 83 minutos con éxito, sólo estaba destinado para elegidos. La película de animación combinaba (no siempre con acierto) diálogos trascendentes que hacían referencia a la religión budista, filosofía existencialista y ciencia ficción con potentes y vertiginosas escenas de acción, todo ello combinado con una estética Cyber-Punk deliciosa y un estilo de animación fuera de los cánones de la época. 

Lo chocante es que en un enfrentamiento con ésta película de 2017, pese a tener muchos años de diferencia, no puede haber color (a favor del anime, claro). A la cinta de acción real se le nota demasiado que desde el estudio han pretendido prescindir de todo aquello que resultara demasiado complicado para el público medio, con consecuencias nefastas: un guión que se ha simplificado hasta el punto de minimizar la personalidad e idiosincrasia de algunos de sus personajes y una trama repleta de clichés y momentos ya vistos en otras cintas similares.

¡Qué alejado queda del diálogo entre Motoko y Bato en la escena del barco del anime!. Aquella secuencia bien podría ser una réplica exacta de una conversación en la antigua Acrópolis ateniense entre Sócrates y su discípulo Platón y sin embargo, en la cinta de acción real sólo destaca por el baño submergido de la propia Motoko entre “brillantes” medusas CGI digitales… simples matices que evidencian las intenciones de ambos filmes y a su vez la diferencia entre ellas.

4- El contexto temporal

Tanto la aparición del cómic de Masamune Shirow como su posterior adaptación en anime pudieron gustar más o menos, pero desde luego destacaron por ser hasta cierto punto “visionarias” a muchos niveles, principalmente el tecnológico. Temas como los implantes y protesis biomecánicas, la red online (Internet), o los hackers y el cibercrimen nos suenan muy cercanos en nuestro día a día, pero en aquella época resultaban conceptos absolutamente futuristas, y en algunos casos lejanos. En este sentido, el nivel de impacto para el espectador acual lógicamente es sensiblemente menor, hasta el punto que al público incluso le puede resultar un tanto curioso o rocambolesco comprobar como en el mundo de Ghost in the Shell del filme, pese a estar ambientada en el futuro cercano (año 2029) cuenta con ciertos retrocesos tecnológicos respecto a nuestra época actual. 

5- La ciencia-ficción tiene un público fiel pero exigente

Siempre hay excepciones, como las franquicias ‘El planeta de los simios’, ‘Terminator’ o incluso ‘Transformers’ que han ido llevando público a las salas además de ser productos relevantes para el séptimo arte (al menos en el caso de las dos primeras). Sin embargo, por lo general, estamos ante un género que no es del todo fiable en la taquilla, ya que tiene su propio público específico y que suele (solemos) ser bastante exigente(s). La ciencia-ficción nace con ‘Metrópolis’, crece con ‘2001: Una odisea en el espacio’ y madura con ‘Blade Runner’, por lo tanto el público de este género (que además suele consumir literatura del mismo tipo) no se conforma con cualquier cosa, por eso se valoran más películas de corte intimistas como ‘La llegada’ que la espectacularidad de cintas como ‘Elysium’, por ejemplo. Por lo tanto, parece que Dreamworks ha cometido un gran error al pretender ampliar su abanico de público con este filme, ya que ha creado un extraño “Frankenstein”, un producto más cercano al ‘mainstream’ que se ha quedado en terreno de nadie, siendo ignorada por el público de masas y rechazada por el fan de la ciencia-ficción, que exigía un guión más sólido y adulto.

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6-Budismo, dualismo cartesiano y filosofía socrática versus ‘El monje que vendió su Ferrari’

Cierto que es que la complejidad y niveles del discurso enrevesado de la obra original eran inasumibles e inconcebibles para una producción de Hollywood, pero puestos a “plagiar” obras con más o menos estilo se podría haber tomado el ejemplo (una vez más) de ‘Matrix’; una cinta que introducía conceptos filosóficos, metafísicos y religiosos con tanta astucia que resultaban accesibles para cualquier espectador. Sin embargo la filosofía de esta película es más bien barata y escasa, al nivel del típico libro de autoayuda de mercadillo. Lejos de realizar preguntas existenciales al espectador sobre el concepto del “Yo”, la existencia del alma, la necesidad de la tecnología como herramienta de control y extensión de la propia vida o la dualidad entre cuerpo y mente (de ahí el concepto del “Ghost”, que recoge la idea acerca de que el cerebro sólo es una parte de la psyke humana, inspirado en el ensayo del filósofo inglés Gilbert Ryle). La película huye despavorida de toda reflexión y más bien propone soluciones rápidas (o “shortcuts”) guiando a la audiencia por caminos bastante accesibles.

La Mayor que encarna Johansson muestra a una protagonista a la que parece mover más la curiosidad que le despiertan sus lagunas cerebrales o un síndrome de abstinencia a las drogas de las que depende, que otra cosa. En el último acto, Mira, sale en la búsqueda de respuestas sobre su pasado, para comprender cómo ha llegado a ser quien es, pero en esta parte no se profundiza lo suficiente en el hecho de si en realidad es humana, máquina o un cruce de ambas y sí eso es realmente relevante en el mundo en el que le ha tocado vivir.

 

7- Una película occidental que se “disfraza” de oriental

Complementando con el punto anterior, está meridianamente claro que estamos ante un producto ‘Made in Hollywood’ con un acento marcadamente occidental, es un hecho que se le nota en la forma y en el fondo (aunque su envoltorio diga lo contrario). Por una trama estructurada de tal modo que repite fórmulas más o menos exitosas y antes vistas, que no arriesga demasiado y que replantea los conceptos espirituales desde el punto de vista del credo y moral cristiana. Sin embargo no podemos olvidar que el origen de esta historia proviende de un japonés, estudioso del mundo occidental, sí. Pero al fin y al cabo, un artista con una sensibilidad y visión sobre la vida y el propio arte completamente diferentes a lo que estamos acostumbrados.

Y a nivel cinematográfico las diferencias también son destacables: otro tipo de narración, de visión, de ritmo, del uso de la música y aunque ciertamente la cinta anime de 1995 era más ambiciosa (e incluso podríamos etiquetarla de pedante), no pretendía simular en absoluto el mundo occidental, siendo muy rigurosa en cada concepto que exponía y arriesgando al intentar mezclar elementos de la filosofía griega clásica con ciencia estructuralista y conceptos derivados de las enseñanzas de Buda. En este sentido, la Motoko de Oshii reflexionaba durante toda la película sobre el sentido de la existencia y llegaba a la conclusión que para conocerse a sí misma debía morir y después renacer, y/o reencarnarse. Conceptos claramente extraídos de la filosofía y/o religión budista, y que obviamente no podían encajar con la mentalidad e ideología conservadora de los productores de Hollywood.

La ‘Ghost in the Shell’ actual, nos deja una sensación similar a remakes y/o reboots innecesarios de grandes obras de la ciencia ficción como las recientes nuevas versiones ‘Robocop’ o ‘Desafío Total’; productos vulgares, anodinos y que no solo no mejoran el producto original si no que están a años luz del mismo en muchísimos aspectos.

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En definitiva, la nueva ‘Ghost in the Shell’ no nos ha aportado todo lo que nos hubiera gustado, desgraciadamente. Sin embargo no todo son malas noticias, ya que esta puede ser una oportunidad de rescatar el material original: desde los cómics de Masamune Shirow, las películas de anime o incluso las excelentes series televisivas de animación.

También es cierto que si nos apartamos del análisis más estricto, estamos ante cine ideal para ese público medio que no tiene prejuicios ante películas de ciencia-ficción o aquellos fans del género que lejos de hacer comparaciones odiosas (como nosotros) solo pretenden pasar un rato entretenido y evadirse en una sala de cine.

¿Ya has visto Ghost in the Shell? ¿A ti qué te ha parecido? Puedes dejar tu opinión en nuestros comentarios.  

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1 Response

  1. 31 mayo, 2017

    […] vez más, el abuso digital le hace daño a una gran superproducción (ya sucedió en la reciente ‘Ghost in the Shell’), ya que las maquetas y animatrónicos de las cintas de los años ochenta resultan más […]

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