Anecdotario de cine: La tozudez de Hitchcock

Hitchcock

Si por algo destacó el realizador británico, además de por tener un inmenso talento tras las cámaras fue por poseer una tozudez fuera de lo común, si el director se proponía algo, no cesaba hasta lograrlo.

En la filmación de Con la muerte en los talones (1959), Alfred Hitchcock quería rodar en el interior del edificio de las Naciones Unidas, en Nueva York. Sin embargo no obtuvo el permiso necesario, denegado por el propio Secretario General de entonces, Dag Hammarskjold, que había prohibido rodajes en el interior por las molestias causadas durante la filmación de The Glass Wall (1953). Por este motivo el realizador de Psicosis se vió obligado a crear un decorado en miniatura pero no cesó en su empeño en grabar dentro del edificio oficial.

Así pues, el equipo se coló en el edificio de incógnito, y para rodar la escena en cuestión, con Cary Grant entrando en el interior de lugar, Hitchcock se las ingenió para introducir una cámara oculta, situada en la parte posterior de un carrito.

Incluso tenían prohibido sacar fotografías del interior del edificio, pero también fue una prohibición que el realizador se saltó alegremente. De hecho consiguió buenas instantáneas gracias a un fotógrafo de estudio (bajo las órdenes del propio Hitchcock), con el objetivo de reproducir a la perfección todos los recovecos de las Naciones Unidas en los decorados del plató. Todo ello mientras los de seguridad buscaban como locos cámaras por todo el edificio…

 

 

Por el contrario en la escena que sucede al final del filme, sobre el Monte Rushmore, sí que está rodada en estudio, pese a que el realizador puso todo su empeño para rodarlo en el escenario original. Sin embargo esta vez tenía a todo el gobierno de Estados Unidos en contra y tuvo que desistir, no sin antes dejar una frase lapidaria.

En palabras del propio realizador “Debido a que Cary Grant colocaba un pie en la nariz de Lincoln, se consideraba que era un insulto al altar de la democracia”.

 

Cary-Grant-Rushmore
Extracto del libro ‘Sucedió en Hollywood’ de Peter Hay.

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