‘Bohemian Rhapsody’. Opinión

 
 
El Live Aid de 1985 fue todo un hito: un concierto benéfico que unió a las bandas y solistas más míticos de la época con la intención de donar dinero para África. El concierto, retransmitido en todo el mundo, fue un éxito y nos trajo un gran regalo: la vuelta de Queen a los escenarios tras 3 años de silencio. Así es como se inicia ‘Bohemian Rhapsody’, el esperado biopic de la banda británica que llega a las pantallas tras 8 años en la recámara y que, como ese reencuentro de los 80, es todo un regalo para los fans.

Este inicio, con un Freddie Mercury arreglándose el bigote antes de coger el coche para ir al estadio es toda una declaración de intenciones: lo que vamos a ver en las siguientes dos horas es un repaso a la época dorada de Queen, desde sus inicios como grupo universitario en 1970 hasta su consagración absoluta en ese enorme escenario de Wembley. ‘Bohemian Rhapsody’ obvia los seis últimos años de la vida de Mercury, marcados por su degeneración física por culpa del SIDA.
 

 

Rami Malek nació para interpretar a Freddie Mercury

 
Por mucho que cierto sector de la crítica se empeñe en considerar ‘Bohemian Rhapsody’ como edulcorada o incompleta, creemos que no es así: Bryan Singer combina de forma maestra los momentos musicales más “fan service” con cierta tensión dramática. Para esto último ha sido fundamental la increíble encarnación de Rami Malek en Mercury: el otrora “Mr Robot” calca al cantante sin ser una parodia de él, copiando su estilo escénico y el cómo creemos que sería en las distancias cortas, un chico carismático y seductor pero increíblemente inseguro.

Cierto que ‘Bohemian Rhapsody’ no ahonda en la tragedia de sus últimos años marcados por la enfermedad de Mercury, pero no faltan los momentos de mostrar a la gran estrella en la soledad de sus excesivas fiestas o consumido por el alcohol en su retiro alemán de tres años.

¿Hacía falta mostrar incluso más? Creemos que no; ya se ocupó la prensa de la época en mostrar las miserias del músico, algo que nos recuerda la película en una escena de lo más reveladora: tras presentar un nuevo disco, Queen hace una rueda de prensa y los periodistas están más interesados en la vida sexual del cantante que en los temas del álbum o en su próxima gira, ¿no sigue ocurriendo lo mismo 40 años después?
 

 

La gran familia Queen

 
Curiosamente, el haber dejado a parte los últimos capítulos de la vida del cantante consigue dar más protagonismo al resto de la banda: Brian May, Roger Taylor y  John Deacon (buenas encarnaciones de los jóvenes Gwilym Lee, Ben Hardy y Joseph Mazello, sobre todo el primero, un May sacado de la máquina del tiempo). Aunque, como ocurría en Queen, Freddie Mercury impregna todo el metraje de la película, el filme se toma el suficiente tiempo para mostrarnos a los compañeros de banda y hacernos saber el papel de cada una en esa gran familia que formaban, concepto que se empeña en remarcar la película.

De hecho, el concepto de familia y los diferentes tipos de amistad (la relación de Mercury con su eterna amiga Mary Austin o sus peculiares relaciones sentimentales) son los grandes temas de la película, junto al proceso de creación musical: para todos aquellos que tenemos un vínculo especial con la música es un placer imaginar cómo se gestó el éxito ‘Bohemian Rhapsody’ (que en su día, como esta película, horrorizó a la crítica) o cómo se compusieron clásicos como ‘We Will Rock You’ o ‘Another One Bites the Dust’.

Otro placer es la recreación de ciertas actuaciones míticas de Queen: impagable ver cómo sería su primer concierto, aún como Smile (debut de Mercury y John Deacon), o cómo se vería su histórica actuación de Live Aid desde bambalinas.
 

 

Rapsodia a la música y a la amistad

 
Queen es, con permiso de los Beatles, la banda que es capaz de reconocer más gente oyendo sus composiciones, aunque no se sea especialmente melómano (y por supuesto, disfrutar de ellas). Además, Freddie Mercury es, posiblemente, el frontman más reconocido de la historia de la música. Por todo ello ‘Bohemian Rhapsody’ tenía que ser un biopic accesible a todo el mundo, algo que se ha conseguido con creces.

La última película de Bryan Singer es un producto colorista y musicalmente prodigioso, un espectáculo de primer nivel al que no le han pesado los más de ocho años de desarrollo (quién sabe qué Freddie Mercury nos hubiese dejado Sacha Baron Cohen).

Con la grandilocuencia en su justo punto y cierto punto operístico (justo como era Freddie) es un biopic a la altura de las expectativas: huyendo del morbo y de las escenas escabrosas se centra en la oda al trabajo duro y a la amistad, así como en la reivindicación de lo diferente. En los tiempos que corren un poco de optimismo nunca viene mal, ¿no?

 
 

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