Dallas Buyers Club. Opinión

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Ron Woodroof era el texano cliché que estamos hartos en ver en películas sobre la América Profunda: machista, homófobo, adicto a diversas sustancias, mujeriego y con una vida sin rumbo. Sin embargo, su existencia cambió cuando le fue diagnosticado el SIDA, enfermedad que en los 80 se asociaba solo a la homosexualidad masculina y los ambientes marginales.

Con esta premisa y la etiqueta de “basado en una historia real” el canadiense Jean-Marc Valleé lo hubiese tenido sencillo para crear un melodrama al uso sobre enfermedades terminales con un protagonista que se convierte en un icono para todo el colectivo.

Por suerte, Vallée se ha ido por el camino más difícil (y más memorable), el de la película denuncia, y ha salido airoso ya que los clichés, si los hay, están disimulados. Así, esta especie de ‘Erin Brokovich’ de aires sureños es un drama social donde si hay héroes lo son por accidente.

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Valleé no se esfuerza en presentarnos a Woodroof como un ser abnegado que se desvive por los demás, sino como un tipo al que la vida le pega un golpe mortal, trata de sobrevivir y, buscando beneficio propio resulta que acaba ayudando a los demás. ¿Al final, tras una vida egoísta, nuestro antihéroe se redime? Posiblemente, pero ese no es el enfoque del director, que no juzga moralmente a su desastroso protagonista.

Así pues, ‘Dallas Buyers Club’ es básicamente un retrato de personaje, por lo que era necesario un gran actor para representarlo. Y aquí entra en escena un tremendamente creíble Matthew McConaughey por fin liberado de su etiqueta de buenorro y actor sin sustancia: su interpretación es excelente, sentida pero contenida en su justa medida, el polo opuesto al soberbio ‘Lobo de Wall Street’ de Di Caprio, al que arrebató un Oscar. Sus detractores dirán que no basta con quedarse en los huesos pero lo cierto es que su encarnación va más allá, demostrando una madurez como interprete que esperamos que se mantenga.

Jared Leto, compañero de fatigas de McConaughey en el filme, está desde luego a la altura. Rayon, la transexual que mutará en un particular cruce entre Sancho Panza y Pepito Grillo, es todo corazón, la cara opuesta a Ron, y se hace querer desde el principio y que Leto encarna con perfección, sacándole todo su lado femenino. De nuevo, la caracterización ayuda, pero nada sería posible sin la interpretación.

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Resumiendo, ‘Dallas Buyers Club’ es principalmente una película de actores, que se nutre de su excelencia y de su química, pero también una vuelta de tuerca más a la película denuncia. Hay drama y desesperación, más que esperanza, sí, pero no se baña con ello en el lodo, sino que le da la vuelta para que tanta negatividad juegue a su favor y se transforme en transparencia y en una muy fácil identificación con los personajes y sus problemas.

Mi puntuación: 8

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1 Response

  1. 8 abril, 2016

    […] Lee nuestra crítica de ‘Dallas Buyers Club’ […]

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