Hablamos de… ‘El bar’ de Álex de la Iglesia

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Sobrevive que no es poco

No se puede negar que Álex de la Iglesia es un tipo valiente, con agallas, su cine puede gustar más o menos, pero siempre se la juega y ha consolidado una carrera con un sello muy personal donde destaca: su ácido humor negro, personajes claroscuros y una dirección que va al límite y lleva en muchos casos al espectador hasta el filo de la cornisa. Después de ver su última obra: ‘El  bar’, quedas agotado anímica y casi físicamente.

El realizador vasco le ha dado una vuelta de tuerca al cine costumbrista. En su filmografía nos ha llevado a lugares comunes que ha convertido en entornos pesadillescos: ese centro comercial de ‘Crimen Ferpecto’ o la escalera de ‘La comunidad’ son ejemplos de ello. Esta vez nos lleva a un territorio clásico entre clásicos del panorama español (no solo a nivel cinematográfico) ¿Hay algo más “tipical spanish” que un bar de barrio?  

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Más cercano al George A. Romero de ‘La noche de los muertos vivientes’ que al Buñuel de ‘El ángel exterminador’, en realizador de ‘Balada triste de trompetaatrapa a diferentes personajes de corte muy diverso dentro de un espacio cerrado (el citado bar) en donde la única salida (visible)que existe hay amenaza real de muerte. Bajo este contexto, la tensión va ir creciendo hasta convertirse en una ardiente olla a presión.

La trama (escrita por el tándem Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría) está confeccionada en tres actos muy marcados, buceando entre géneros como el thriller y el terror. La historia arranca con la presentación de unos personajes tan pintorescos (que como en un chiste malo cruzan sus caminos por completo azar). Van desde el barman buenazo de toda la vida, la ludópata, el hipster, el hombre de negocios, la pija y hasta un vagabundo con amplios conocimientos/delirios bíblicos. Todos ellos representan diferentes estratos sociales de la actualidad, donde el elemento del poder surge como un personaje más, mostrándose simbólicamente como un simple teléfono móvil, una jeringuilla y hasta una pistola.

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El reparto equilibra el peso del filme y cumple ampliamente las expectativas ante una hazaña que requería un sobreesfuerzo interpretativo en lo físico y en lo emocional: empezando por esa gran “sospechosa habitual” llamada Terele Pávez, un barbudo Mario Casas, que al igual que en ‘Mi gran noche’, brilla y no desentona en absoluto, pasando por el buen trabajo de Secun de la Rosa, la Carmen Machi más dramática y una deseable Blanca Suárez, que va ganando peso cuanto más avanza el relato. Pero haciendo justicia debemos detenernos en la brutal interpretación de Jaime Ordóñez, que diseña a uno de los personajes más inquietantes y siniestros del reciente cine español, ese sucio “homeless” agente del caos, al más puro estilo renegado del diablo de Rob Zombie.

En definitiva, gente corriente en una situación extraordinaria, y que se pondrá a prueba hasta el límite de lo imaginable. En este sentido, subyace la idea de que en los momentos críticos sale el verdadero “yo” de las personas, saliendo a flote los instintos más primarios, despojándose por fuerza de las máscaras habituales tan útiles en la supervivencia del día a día. Y es que más allá del manido suspense “hitchcockiano” del… ¿Qué demonios está pasando? Estamos ante una película de supervivencia extrema, y como tal, incómoda e implica al espectador hacia la reflexión de qué caminos tomar.

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Los conflictos transcurren a todo trapo, sin apenas descanso, pero la película …aunque llega al exceso y roza lo inverosimil, no descarrila gracias a un guión poderoso, tan preciso como sólido. Y es que el relato se/nos adentra en senderos cada vez más perversos, en un descenso a los infiernos personales donde cada decisión es crucial y no existe vuelta atrás.

Finalmente destacar, que aunque de un modo menos evidente que otras veces...Álex de la Iglesia utiliza esta historia de “el bar”, para realizar una crítica soterrada a la España de hoy: la España del miedo, del escapense quien pueda e incluso al igual que vimos en la infravalorada ‘La chispa de la vida’, la del país dominado por el cuarto poder, donde la manipulación mediática está aceptada y a la orden del día, cueste el precio que cueste.

 

Lo mejor:

  • El ritmo y fuerza visual del filme.
  • El reparto va al límite de lo emocional y lo físico.
  • Un guión simple pero sólido y siniestro.

 

Lo peor:

  • Alguna situación inverosimil.
  • Requiere de la implicación absoluta del espectador.

 

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