Hablamos de…’Múltiple’ de M.Night Shyamalan

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Se nota que M. Night Shyamalan se siente cómodo con las producciones modestas, donde tiene absoluto control creativo. Alejado de los excesos y pirotecnia visual de los Burton, Cameron y Michael Bay de turno, sus piezas cinematográficas (que también escribe) se focalizan en la introspección y se fundamentan en la fuerza de los diálogos. Es un tipo de entretenimiento que requiere de la atención, comprensión y paciencia del espectador, toda una hazaña en estos tiempos que corren.

Después ese divertido y autoparodico “falso documental” que resultó ‘La visita’, el realizador indio-americano vuelve al formato que más domina: el thriller psicológico más convencional. La historia de ‘Múltiple’ arranca con el secuestro de tres adolescentes por parte de un individuo que sufre trastorno de identidad disociativa (DID), es decir, que en su interior cohabitan nada menos que 23 personalidades distintas.

El hombre de las “mil” caras

James McAvoy asume el peso de gran parte del filme, y se expone en un ocurrente y retorcido juego mental donde nos ilustra con todos los matices y registros actorales que puede. Ya sea vía expresiones faciales, tics o registros vocales (ayudado claro está, del vestuario oportuno) se transforma en Barry, Dennis, Jade, Crumb, Patricia o Hedwig y muestra cómo estas distintas personalidades pueden ser sumisas o dominantes, incluso comunicándose entre ellas, unos buscando protección y otros poder, a través del control del cuerpo y mente del auténtico sujeto: Kevin Wendell. Todo un reto interpretativo para McAvoy que está en el límite de la sobreactuación, y afortunadamente, en lugar de caer en la caricatura, luce de modo impecable siendo uno de los personajes más complejos e inquietantes de la filmografía del director de ‘El sexto sentido’.

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Es innegable que M.Night Shyamalan es muy hábil con la técnica y la gramática cinematográfica y lo explota tanto como puede. En ‘Múltiple’ utiliza varios recursos para guiar al espectador como quiere, algo que resulta muy habitual en su cine. Por un lado utiliza el fuera de campo en diversos momentos para suscitar mayor interés dentro de una tensión, ya de por sí, muy precisa. Siguiendo esta línea, la cinta está compuesta de numerosos primerísimos primeros planos que rompen la distancia cinematográfica, implicando más si cabe al público con todo lo que sucede. Sin embargo, y aunque todo director de suspense tiene algo de marionetista, es plausible que teniendo un tema tan jugoso como el de la personalidad múltiple, el realizador de ‘Señales’ sea honesto mostrándonos al personaje tal y como lo ven los demás, desde el principio. De este modo, no hay “trampas” narrativas que nos pretendan sorprender con el clásico efecto “Jeckyll & Mr. Hyde”, que podemos encontrar en el Norman Bates de ‘Psicosis’.

¿Estamos ante una cinta realmente terrorífica? No del todo, desde luego el tono es claramente sobrio y oscuro, en la línea de producciones de terror de los años 70 y 80. Pero salvo alguna escena aislada, ni se busca el susto fácil, ni causar miedo “per se”. La puesta en escena busca ser desasosegante, y no puede ser más claustrofóbica, con una clara intención de encerrarnos en un laberinto de puertas sin apenas luz, ni salida, quizás como se pueda interpretar la propia psique humana. En este sentido es de justicia mencionar el trabajo en la fotografía del portugués Eduardo Serra (‘Harry Potter’, ‘Más allá de las nubes’) y la envolvente partitura de West Dylan Thordson (‘Foxcatcher’).

Supervivencia, drama y terror en una historia con múltiples tramas

El argumento del filme se divide en tres escenarios que se conectan entre sí: por una parte tenemos los momentos de supervivencia e intentos de escape de las chicas secuestradas, encerradas dentro de un extraño Bunker en convivencia con su captor.

Por otro lado accedemos, vía flashbacks, al dramático pasado de una de las jóvenes, Casey (interpretada notablemente por Anya Taylor-Joy, ‘La Bruja’), para de algún modo explicarnos el porqué actúa como actúa ante su agresor, mostrándose con él de un modo más frío y racional, a diferencia de sus asustadizas compañeras capturadas. En este sentido, los intentos de Casey por manipular a Hedwig, (la personalidad de un asustadizo niño de nueve años) para que la ayude a huir, resultan tan estimulantes como reveladores para empatizar con ambos.

Finalmente el escenario principal es para nuestro protagonista (o antagonista, según se mire), y la estrecha relación que mantiene con su psicóloga, momentos que sin duda son los más logrados del filme. La doctora Karen Fletcher (interpretada por Betty Buckley ‘Frenético’, ’Carrie’) conoce bien a su paciente y lo pone a prueba, a sabiendas que puede estar ante una identidad desconocida o alguna personalidad imitando a otra, con el peligro que eso conlleva. De hecho, el personaje de Karen resulta clave en el relato, ya que es el vehículo más eficaz para acercarnos al protagonista. Se trata de una figura maternal que nos advierte que lejos de estar ante una amenaza, nos encontramos con un tipo enfermo y traumatizado, pero nunca con un enemigo al uso.

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Todo el trabajo de trasfondo psicológico permite al público encontrar conexiones ético-morales con un personaje que en condiciones normales se catalogaría de villano de manual. Y es que en ‘Múltiple’, el enlace entre el suspense y el drama introspectivo resulta clave para poder indagar en la condición humana de Kevin, determinante para acceder al epicentro de la película. Resulta muy similar a todo lo que sucedía con el personaje de David Dunn en ‘El protegido’, donde se ponía el foco en los fuertes vínculos emocionales entre el propio sujeto y todos los personajes y situaciones que lo rodeaban.

Un giro final tan tenso como controvertido

El último acto, donde convergen todas las subtramas, es quizás el más arriesgado, incluso pudiéndose calificar de algo artificioso. Shyamalan no hila por hilar, y la cinta no pierde un ápice de tensión, al contrario… se desata hacia el horror más puro. Sin embargo ese brusco volantazo del clímax no acaba de ser 100% convincente, pero sí resulta todo un canto de cisne a los amantes del terror (y el fantástico) de serie B.

De ahí el magnífico (auto)guiño final, una vuelta definitiva a un cubo rubik muy particular, que ata cabos sueltos, abre puertas en direcciones evidentes y muestra a la propia película como un ser con trastorno de identidad disociativa, tan compleja e interesante como la de su propio (prota/anta)gonista.

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Lo mejor:

  • El tono sobrio y terrorífico, y la intensidad del guión.
  • Los juegos mentales que propone Shyamalan con sus personajes.
  • James Mcavoy, borda el papel (o los papeles).
  • El guiño final.

Lo peor:

  • Algunas escenas con las chicas secuestradas.
  • El final puede ser acusado de tramposo.
  • El cameo habitual del propio Shyamalan como actor, prescindible.

 

¿Ya has visto ‘Múltiple’? Cuéntanos que te ha parecido en nuestros comentarios.

 

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