Hablamos de… ‘Wonder Woman’

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Wonder Woman, personaje creado por DC Comics en 1941, puede considerarse la primera superheroína de cómic tal como las entendemos. Adaptar exitosamente en celuloide la historia de este icónico personaje era todo un reto, tanto por el anterior historial de DC en cine (enorme decepción fue para muchos la prometedora ‘Batman vs Superman’) como por el riesgo y la presión de dar al fin protagonismo a una mujer en una película de superhéroes. ¿Estaría Wonder Woman a la altura de lo que el icono se merece? ¿Pasaría el controvertido Test de Bechdel? Afortunadamente, en manos de Patty Jenkins (‘Monster’) y de una acertadísima Gal Gadot, el filme debut de la Mujer Maravilla es una más que disfrutable película iniciática de aventuras.

Diana, Clark Kent y la pérdida de la inocencia

El inicio de ‘Wonder Woman’ nos sitúa en Themyscira, la isla de las Amazonas, creadas originariamente por los dioses del Olimpo para ser las guardianas del orden mundial. En esta sociedad totalmente femenina no hay maldad, todo funciona en armonía y, aunque la paz está a la orden del día sus habitantes no dejan de entrenar (al más puro estilo espartano) pues la amenaza que un día erradicaron (el malvado Ares, el dios más rebelde del Olimpo) puede volver.

‘Wonder Woman’ muestra desde el inicio claramente sus cartas: esta es una película con personajes femeninos potentes y carismáticos y en roles tradicionalmente asociados al sexo masculino. Una buena prueba de ello, antes de que Diana gane protagonismo, está en sus mentoras: su madre y reina, Hipólita (Connie Nielsen) y la general Antiope (Robin Wright).

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Esta sociedad 100% femenina es jerarquizada y bélica, pero en un mundo en el que parece que no son necesarias ni una cosa ni la otra, pues todo es paz y armonía. ¿Es este el clásico  discurso de“si las mujeres tuvieran más poder otro gallo cantaría”? Dejemos que cada uno saque sus conclusiones.

Este prólogo, aunque cercano por estética al de ‘Thor’, nos presenta a un personaje protagonista mucho más trabajado que aquel saco de músculos que interpretó Chris Hemsworth: Diana es un ser puro e inocente, no alberga maldad, aunque su origen semidivino la hace poseedora de un gran conocimiento (teórico eso sí) del mundo de los humanos. No deja de recordarnos un poco al Superman de Richard Donner, un ser ingenuo y que, como en el caso de Diana, sabe que es diferente pero no hasta qué punto su diferencia lo hace poderoso, ya que en ambos casos sus progenitores se preocuparon de preservar su inocencia hasta que estuviesen preparados para presentarse ante el mundo.

La llegada del piloto y espía Steve Trevor (Chris Pine) será el punto de partida para que la joven Diana deje su mundo idealizado y su seno materno y se lance a una aventura incierta, pretendiendo salvar al mundo, ella sola, del gran avance de los alemanes en la Primera Guerra Mundial.

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Bienvenida al mundo de los humanos, Diana

A diferencia de la ya mencionada ‘Thor’, con una estupenda primera parte ambientada en Asgard y un desarrollo aburrido en la Tierra, ‘Wonder Woman’ no decae un ápice cuando pasa del lado luminoso de Themyscira al mundo “real”, el de la Europa asolada por la Primera Guerra Mundial. En este pasaje (de hecho, el resto de película) podemos notar la influencia de Zack Snyder, pero la oscuridad con el que se muestra la Europa del 1918 no llega al extremo de ‘Batman vs Superman’, además de estar plenamente justificada por los ambientes donde Diana, Steve y sus secuaces se moverán.

Con otro director, tras una primera parte introductoria, hubiésemos tenido una sucesión de escenas de acción más o menos relacionadas en las que el héroe de turno asola todo a su paso (siempre a favor de los “buenos”, claro) y algún diálogo anodino. Por suerte para nuestros paladares cinéfilos, la directora Patty Jenkins sabe perfectamente dónde se encuentra, combinando con maestría los momentos de acción y heroicidad con las secuencias de pura dramaturgia: tanto Diana como Steve son personajes muy trabajados, su estrecha relación es comprensible (apoyada por una gran química entre Gadot y Pine), les acabamos pillando cariño a los cómicos personajes secundarios y podemos entender las motivaciones de todos los villanos… Al fin y al cabo, seamos humanos o dioses, todos tenemos las mismas debilidades.

WONDER WOMAN

Si se le puede poner un gran “pero” a ‘Wonder Woman’ a nivel guión es la pasmosa normalidad que demuestran todos los personajes ante las hazañas de la amazona Diana. En plena batalla de la Primera Guerra Mundial a nadie parece sorprenderle que una mujer en ropa interior aparezca de la nada y acabe con un escuadrón alemán ella solita a base de saltos kilométricos y dotes para las artes marciales y la lucha con espadas.

Cierto que en 1918 la sociedad era más ignorante y supersticiosa, ¿pero no sería más probable que, precisamente por eso, la aparición de Wonder Woman se pudiese interpretar como una aparición divina? ¿No se levantarían altares por Diana cual Madre de Dios? Quiero pensar que esta falta de sorpresa se deba al estrés postraumático de la guerra…

El síndrome del “Final Boss”

Si dejamos de lado esta licencia (que, por otro lado, y para preservar el género, se tienen que acabar tomando todos los filmes de superhéroes), el gran fallo de ‘Wonder Woman’ es su tramo final. Tras presentarnos unos personajes con cara y ojos (incluidos villanos), la secuencia del “Final Boss” de la película es ese más de lo mismo que hemos visto tantas veces: villano ultrapoderoso, heroína debilitada, diálogos intensos entre cada lanzamiento de superpoderes y revelación final que hace que reaccione y acabe con la amenaza de turno.

No se puede decir que la secuencia esté mal rodada o desarrollada, pero es puro tópico del cine de acción, cuando en los 90 minutos previos, aún en sus ratos más heroicos, en la dirección de Patty Jenkins había prevalecido el tono de cine de aventuras de antaño, con unas resoluciones más ingeniosas. Exigencias de los productores, supongo…

Esta escena hace, además, que se quede ensombrecido el papel de otra villana, la Dra. Maru (Elena Anaya), personaje siniestro que parece que tiene mucho que contarnos. Esperemos que esta falta de protagonismo se deba a que será la villana principal de otra entrega (segura) de la saga ‘Wonder Woman’.

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Un merecido hito cinematográfico

Puede que ‘Wonder Woman’ no sea la gran película feminista que algunos medios han querido vendernos, pero no le hace falta. Estamos ante una película de superhéroes sólida, donde la acción no impide que haya un buen guión y donde, ¡al fin!, la protagonista lo es por sí misma, sin ser el apoyo o compañera de otro personaje masculino (caso de la sagas ‘X-Men’ o ‘Los Vengadores’). ¡Qué gran oportunidad perdida fue ‘Catwoman’ (Pitof, 2004)!

Diana, y también Hipólita y Antiope, son personajes fuertes, decididos y carismáticos como sus homólogos masculinos de otras sagas, y para serlo no ha sido necesario masculinizarlos. Además, por primera vez en el género, el personaje masculino es la comparsa, el apoyo de la protagonista, y para ello se le ha dado un rol más secundario, pero no innecesario, paródico o sexualizado (sí, Chris Pine aparece con poca ropa, pero su secuencia está totalmente justificada).

En definitiva, aunque ‘Wonder Woman’ cae en algunos vicios del cine de superhéroes es en conjunto una cinta muy disfrutable, una esperanza para los decepcionados fans de DC Comics y permite acallar a los cansinos detractores de las “películas de mujeres”: una película con una mujer como absoluta protagonista y en la que no tiene el rol de objeto sexual, puede reventar taquillas. Ya solo por este hecho ‘Wonder Woman’ es un hito cinematográfico, y esperemos, como fans del cine de superhéroes y del buen cine, que no sea el único.

Lo mejor

  • Gal Gadot, perfecta Diana/Wonder Woman, y su química con Chris Pine
  • La efectiva dirección de Patty Jenkins, tanto en drama como en acción
  • Su regusto al cine clásico, con el ‘Superman’ de Richard Donner como referente
  • Puede allanar el camino a más cine mainstream dirigido y protagonizado por mujeres

Lo peor

  • La villana Doctora Madu está bastante desaprovechada
  • La credulidad con la que los humanos aceptan la llegada de Diana
  • La escena de la lucha final

 

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