‘Los mercenarios’ (‘The Expendables’). Opinión

 

Sly en una secuencia de riesgo

Podemos enfrentarnos a la crítica de una película como ‘Los mercenarios’ de dos formas. Por un lado, escribir la canónica y cinéfila, la que diría que se trata de una fallida película de acción, con un guión muy poco trabajado, una dirección mediocre y situaciones vistas mil veces –crítica que ha predominado en los medios especializados de EEUU. Por otro lado, y esta es por la que optamos, podemos hacer la crítica la que defienda este puro divertimiento, pues representa el lado más lúdico del cine y la reivindicación de esas películas con muy pocas pretensiones pero que lograban su función principal, hacernos disfrutar como niños (macarras) en una sala de cine.

Y es que ‘Los mercenarios’ es lo que prometía desde que supimos que Stallone iba a hacerla: diversión sin remordimientos, sin coartadas, sin justificaciones, la que nos activa ese instinto de reírnos de lo ajeno, de la violencia física que aunque explícita la vemos con distancia pues roza lo irreal.

Sly conoce perfectamente los mecanismos del actioner de los 80 y 90 y los hace suyos, haciendo que sus ‘mercenarios’ sean a la vez un homenaje y una re-interpretación de ese cine repleto de músculos y ultra-violencia de cartón piedra. Así tenemos lo de siempre: héroes macarras pero de buen corazón, villanos sin compasión –dictadores de república bananera, ex-agentes del gobierno americano renegados o matones ultra-cachas- y muchas muertes, a cual más salvaje.

Dolph Lundgren, Sylvester Stallone, y Jet Li en The Expendables (2010)
Dolph Lundgren, Sylvester Stallone, y Jet Li en ‘Los mercenarios’

Cine de acción violento y sin complejos

Es homenaje a la vez que re-interpretación porque nos hace volver sin complejos a las mismas estructuras, situaciones y personajes de esas películas pero con los mejores medios de hoy en día, y eso es una osadía por parte de Stallone, en una era del cine de acción marcado por la corrección política. La diferencia, a parte de lo técnico, con estos filmes de los 80 y 90, es toda el aura referencial que respira el film –genial secuencia la de la Santísima Trinidad de viejas glorias, lástima que ya la viésemos en el tráiler.

Además, ‘Los mercenarios’ sugiere el discurso del recambio generacional, de lo viejo en contraposición de  lo nuevo, algo que especialmente se ve en la relación de los dos líderes del grupo, el veterano Stallone y un joven pero experimentado Jason Statham –junto a Rourke, lo mejor del reparto- o en el personaje de Jet Li, antítesis de lo que tiene que ser físicamente un héroe de acción yanqui.

Hay lugar para el drama, pero poco. Apenas un estupendo –aunque tópico y con alguna metáfora extraña- monólogo de Mickey Rourke y algún que otro conflicto sentimental, pero son escasos ante los minutos y minutos de acción descarnada, de festival de miembros rotos, de cabezas reventadas, detonaciones a go go y diálogos, que aunque tontos, nos arrancan más de una carcajada.

Sylvester Stallone, Jason Statham, y Randy Couture en The Expendables (2010)
Sylvester Stallone, Jason Statham, y Randy Couture en ‘Los mercenarios’

Un show para nostálgicos del “Yo fui a EGB”

‘Los mercenarios’ es cine de trazo grueso, de guión escaso; cine de consumo puro y duro, pero hecho desde las entrañas, concebido por un cineasta, Stallone, que tras un intento fallido de volver a la “seriedad” con ‘John Rambo’ –con ‘Rocky Balboa’ lo consiguió, pero con esta otra se quedó a medias- ha decidido dar a sus fans lo que anhelaban. Y es que ya sabemos que lo retro y lo referencial está más de moda que nunca, y que cuando uno empieza a tener cierta edad mira con más cariño aquello que en el pasado le parecía estupendo y que ahora sería de dudoso gusto.

Cabe decir que miramos ‘Los mercenarios’ y la vemos con ese cariño. Sus carencias argumentales, una dirección nerviosa –Stallone abusa de la cámara en mano-, las (sobre)actuaciones de algunos actores o lo inverosímil de sus situaciones pasan en parte inadvertidas gracias a su ritmo frenético, a su sentido del espectáculo y los escasos momentos de descanso para el espectador en busca de emociones fuertes en forma de  tiroteos, explosiones, mamporros o chistes.

Mickey Rourke

Viejos rockeros nunca mueren

Stallone ha logrado arrancarnos una sonrisa, hacernos recuperar esa sensación que no sentíamos desde hace bastantes años, la de pasar el rato con algo absolutamente intrascendente pero sin sentir vergüenza ajena, y es que la clave está en aceptar, autor y espectador, que estamos ante algo nada serio.

 

Mi puntuación: 7

 

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