‘Parásitos’. Colisión entre clases sociales según Bong Joon-ho

*Del latín parasitus, un parásito es un organismo que vive a costa de otra especie. El parásito, que puede ser animal o vegetal, se alimenta del otro organismo, consumiendo su energía aunque, por lo general, sin llegar a matarlo ya que depende de él.

Kang-ho Song, Hye-jin Jang, Woo-sik Choi, y So-dam Park Parasitos (2019)

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que la familia Ki-taek, los protagonistas de ‘Parásitos*’ van con el agua al cuello. Malviven en un subsuelo miserable de uno de los barrios más marginales de Seúl, sin trabajo estable, robando el wi-fi de los vecinos y rapiñando dinero para sobrevivir a base de fabricar cajas de pizza. Lo cierto es que tienen cualidades y talento -especialmente los más jóvenes- pero la mala fortuna y su estatus actual, no les ha permitido poder desarrollarlo.

Sin embargo su suerte parece cambiar cuando el hijo mayor, Gi Woo (Choi Woo-sik) comienza a realizar clases particulares a Da-hye (Ji-so Jung) la hija adolescente de los Park, una familia adinerada que vive en una lujosa casa de un barrio residencial de la ciudad. Utilizando engaños, manipulaciones y métodos “picarescos”, los Ki-taek se irán deshaciendo uno a uno del personal de servicio de la familia Park para “colocarse” en su lugar y de este modo poder obtener esos ingresos económicos que tanto anhelan.

Todo este primer acto está desarrollado en un formato de comedia negra de enredo realmente entretenida y ágil, con alguna situación de lo más desconcertante. El realizador Bong Joon-ho es muy hábil y sabe como hacer para que el espectador pueda conectar con los Ki-taek pese a la nula ética con la que actúa la familia para aprovecharse de la situación.

Sun-kyun Lee Yeo-jeong Parasitos (2019)

No es la típica “lucha de clases”

Podría parecer que el fin justifique los medios, los Ki-taek están realmente necesitados y al fin y al cabo los Park no dejarían de ser la típica familia rica de caprichosos snobs que viven en su burbuja de mundo de gente opulenta y acomodada. Sin embargo, Bong se aleja de clichés y no nos los presenta de este modo. Más bien nos encontramos ante una familia que actúa de modo inmoral pero por un bien común y otra familia bondadosa y algo confiada, pero también sabedores que dependen de sus criados para poder llevar a cabo su vida de alto standing. ¿Entonces… quiénes son los auténticos parásitos?

El realizador es muy escrupuloso con los matices cada uno de los personajes, situándolos en un abanico de grises muy jugoso y dejando claro que ni los pobres son buenos y amables solo por el hecho de estar en la miseria, ni la gente rica es cruel y egoísta simplemente por su posición de poder. Más bien la crítica del filme va enfocada hacia un sistema (capitalista)* demasiado polarizado que fomenta la desigualdad, la falta de oportunidades y sus posibles nefastas consecuencias.

*Corea del Sur, es un país altamente desarrollado y una de las potencias económicas de Asia (especialmente por su industria tecnológica), pero es una democracia joven ya que hasta finales de los años ochenta vivió en una dictadura que aunque estuvo marcada por el crecimiento económico también abrió una grieta enorme a nivel social. Las familias más pudientes apenas tienen contacto con las clases más desfavorecidas; viven en diferentes barrios, compran en otros comercios y viajan en distintos transportes.

Sun-kyun Lee Yeo-jeong Jo Ji-so Jung Parasitos (2019)

Un cóctel repleto de sorpresas

La cinta no deja de lanzarnos a la cara estos contrastes constantemente -en algunos casos, en exceso-, con todo tipo de detalle; desde cómo visten, pasando los espacios donde co-habitan, su modus vivendi, su actitud, hasta el olor corporal puede ser un motivo de clasismo. Las dos familias parecen que vengan de universos distintos, y es cuando estos se juntan cuando se manifiesta esa inevitable brecha social. Solo los hijos parecen estar más al margen de esos muros que les separan, ya que todavía parecen no estar corrompidos por esa toxicidad y tensión constante… y que puede estallar en cualquier momento.

Poco más se puede desvelar de la trama, porque el impacto de los giros de guión a partir de su segundo acto perdería toda su fuerza. Solamente decir que el realizador de ‘Snowpiercer’ (2013) sorprende y deja patente que su obra se nutre desde clásicos como Luis Buñuel o Alfred Hitchcock hasta cineastas tan vigentes como el propio Quentin Tarantino. Bong se mueve como pez en el agua manejando los tempos narrativos, saltando entre géneros y jugando con el espectador cuando más le conviene. La trama avanza de manera orgánica y todo fluye a la perfección hasta un último acto realmente impactante.

Hyun-jun Jung Parasitos (2019)

“Hedor” a buen cine

Al final, poco importa que ‘Parásitos’ nos llegue de Corea, la Antártida o el mismísimo Saturno… estamos ante una historia tan universal que sin prejuicios es fácil hacerla nuestra. Todo ello además relatado de manera soberbia, con una fuerza visual innegable y unos personajes estrictamente diseñados y repletos de claroscuros con los que resulta sencillo empatizar. Además, su carga política y su “polémico” desenlace da que pensar, dejando abiertos interesantes debates para profundizar aún más sobre los distintos mensajes que nos lanza su autor.

El éxito de ‘Parásitos’ va más allá de su retrato costumbrista y relativamente distorsionado de la sociedad surcoreana, ya que nos habla de las miserias de la condición humana y como una situación extrema puede llevar a las personas a hacer cosas que van desde lo absurdo a lo despreciable.

Estos argumentos son lo suficientemente sólidos no sólo para reivindicar el cine de Bong Joo-ho y por extensión gran parte del cine que se produce en Corea del Sur, sino también para afirmar que estamos ante una de las películas más destacables de los últimos tiempos. Los Oscars de Academia, así lo avalan y en esta ocasión… estamos de acuerdo.

Cartel de 'Parásitos' (2019)
Cartel de ‘Parásitos’ (2019)

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