Sitges 2010: ‘Red Hill’. Opinión.

El séptimo arte también intenta llamar la atención desde lugares remotos como Australia, si anteriormente hablábamos de la survival-movie con tiburones blancos en ‘The reef’, esta vez toca el turno de ‘Red Hill’: un fantástico cruce entre thriller con aroma a western moderno, sumado a film de “psychokiller” al uso, una combinación que resulta un cúmulo de aciertos, una agradable sorpresa y un soplo de aire fresco desde tierras tan lejanas, no está exenta de errores, sin Cartel Red Hillembargo el regusto que deja es más bien positivo. Realizadores como Peter Weir (‘Master and Commander’), Phillip Noyce (‘Peligro Inminente’) o incluso George Miller (trilogía ‘Mad Max’), que ya dieron el salto a Hollywood, tienen una nueva generación dispuesta a seguirles los pasos. Hablemos del filme…

El argumento gira entorno a el joven oficial de policía Shane Cooper (Ryan Kwanten, uno de los actores principales de la serie ‘True Blood’) y su esposa embarazada, que se mueven de la ciudad a la población rural Red Hill, en busca de una vida tranquila en el que puedan criar a su hijo. A su llegada, Cooper choca inmediatamente con con el jefe de policía Old Bill (Steve Bisley) que no está por la labor de apadrinar a un chico de ciudad. Para colmo de males el primer día de Cooper no puede ser peor ya que, el convicto y experto rastreador  Jimmy Conway (Tommy Lewis) se escapa de una prisión de máxima seguridad y el departamento de policía parece convencido de que su destino será el pueblo de Red Hill en busca de venganza.  En el transcurso de un día y una noche Cooper se verá enmedio de un baño de sangre e irá desentramando las incógnitas de un pueblo atemorizado que se debe enfrentar al regreso de Conway, un hombre sin piedad y nada que perder.

Bill

Lo primero que nos llama la atención en el filme ya desde el arranque es su firmeza visual, con su estudiada fotografía (que como en todo western juega un papel fundamental), y donde la primeriza mano de Patrick Hughes está a la altura en todo momento. Pero no sólo destaca en lo visual, ya que la puesta en escena es notable, desde la situación de los personajes en el contexto del perdido pueblo, como su presentación, destacando el dibujo detallado de los personajes de Cooper y Bill. Sus primeros compases cabalgan a buen ritmo además de darnos a percibir como se cuece la tensión, desde una calma inusitada.
Shane CooperDespués de un brillante primer tercio, el film entra en una sucesión de escenas violentas, que recuerdan a films como ‘Asalto a la comisaria del distrito 13’, ‘No es país para viejos’ o incluso guiños a westerns como ‘Sólo ante el peligro’ y ‘La propuesta’ que coinciden con la aparición del personaje de Conway, un asesino silencioso y  salvaje, con el rostro desfigurado, pero con la mirada de animal herido, que denota que nada es lo que parece (o todo según se mire…). Es en estos momentos, que aunque mantienen el ritmo inicial, donde la tensión se diluye debido a una acumulación de clichés y alguna que otra escena inverosimil, que teledirigen el film a un final previsible, pero con la fuerza necesaria para sostenerlo y no sin antes aportar una carga de crítica social sobre la aceptación de la Australia moderna a los aborígenes, (etnía a la que pertenece Conway).

‘Red Hill’ no es una película de la que se pueden sacar muchas conclusiones, (ni ninguna escena memorable) pero si que contiene elementos necesarios para entretener y convencer: historia y personajes bien definidos, fotografía y música que acomodan al espectador en el contexto adecuado y una dirección madura con un inteligente sentido del ritmo. Hughes nos regala además una secuencia metafórica/mística con la aparición de un animal salvaje, silencioso y sin embargo, de una extraordinaria belleza.

 

Mi puntuación: 6

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