Sitges 2016. ‘Dog Eat Dog’. Opinión

‘Dog eat dog’ en una expresión que bien podría equipararse a la clásica locución latina “homo homini lupus” (“el hombre es un lobo para el hombre”) o como se representa en esta película (basada en una novela de Edward Burke): el ser humano es capaz de hacer cualquier cosa por obtener éxito, incluido el dañar a otras personas.

Paul Schrader (conocido como guionista de ‘Taxi Driver’ o ‘Toro Salvaje’) nos introduce, en esta cinta serie B de cine criminal (con tintes cómicos), en los suburbios de la actual Cleveland relatandonos la historia de tres ex-convictos que estrechan lazos para realizar un último trabajo y así ganar una importante suma de dinero, dando carpetazo a sus miserables vidas.

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Los (toros) salvajes de Schrader

Estos personajes de baja estofa, son los tres cimientos sobre los que se sustenta la trama, lo cual es tan lamentable como divertido: Por un lado tenemos a Mad Dog, (Willem Dafoe) un auténtico tarado que se mueve por puro instinto, un drogadicto y psicópata que además tiene una verborrea insoportable. Troy (Nicolas Cage) es el cerebro del grupo, un tipo igual de despreciable que sus compañeros, pero que lo disfraza con un halo de elegancia, derivada de su obsesión por Humphrey Bogart. Finalmente Diesel (Christopher Matthew Cook’), es puro músculo, un tipo enigmático y silencioso, curtido por su pasado en la cárcel y que procura controlar su ira para encajar en un mundo en el que todo le es ajeno.

Si bien la interpretación de los tres está fuera de duda (incluso Cage está correcto), lo cierto es que no todas las subtramas están igual de equilibradas, y quizás el personaje con más matices como bien podría ser Diesel, queda desdibujado en contraposición de sus dos “populares” cómplices. Pero lo peor de la historia es que cae en clichés y no aporta nada nuevo que no hayamos visto antes en cintas de crímenes y bajos fondos de cineastas como Quentin Tarantino, Guy Ritchie u Oliver Stone.

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Celuloide psicodélico

Además, el realizador de ‘Aflicción’, seguramente consciente de sus limitaciones a nivel de presupuesto, se atreve a experimentar técnicamente con la película: varía los tonos de color, acelera o ralentiza fotogramas o superpone imágenes a su antojo, quizás para recrear el efecto de las drogas que consumen sus patéticos personajes. Efectos de baratillo para embriagar a un espectador con el propósito de adentrarlo a conciencia en esos submundos turbios y malolientes donde los puticlubs, bares de carretera y casinos se convierten en el hogar más cálido y acogedor para unos individuos sin escrúpulos y con anhelo de un éxito que nunca llega.

Por suerte Schraeder conserva talento para mantener cierto ritmo narrativo y dar al público sus buenas dosis de humor cínico y violencia explícita y a su vez reflejar ciertas carencias de la actual sociedad estadounidense, sin quedar en evidencia.

 

Lo mejor

  • Willem Dafoe, se mimetiza con el despreciable Mad Dog.
  • Algunos toques de humor corrosivo y crítica social.
  • El homenaje a Humprey Bogart

Lo peor

  • La trama está descompensada y cae en tópicos.
  • Las expectativas ante una pluma como la de Schrader.

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