Sitges 2016: ‘The Neon Demon’. Opinión

Rostros hieráticos, colores de neón, un paisaje impersonal que es Los Ángeles pero bien podría ser otro sitio, música electrónica fría y machacona, situaciones que se encadenan sin demasiada concordancia y una protagonista que no sabes si necesita un abrazo o una colleja. Todo esto y poco más es ‘The Neon Demon’, la película de 2016 de Nicolas Winding Refn, supuestamente una crítica al mundo de la moda. Por lo menos eso es lo que nos han vendido desde su anuncio y por lo menos eso es lo que aparenta cuando su argumento gira alrededor de Jesse una joven modelo (Elle Fanning) que se inicia en el duro mundo del modelaje.

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La belleza de la nada

Sin embargo dudo que al director de ‘Drive’ le interese demasiado retratar la industria de la moda. Tenemos un par de sesiones de fotos, tenemos modelos rivales, tenemos un despiadado diseñador y tenemos artificio, mucho artificio. ¿Acaso este artificio no es el propio de muchas otras industrias como, mismamente, la clase de cine que intenta “colarnos” Winding Refn?

‘The Neon Demon’ podría hablar de la rivalidad y competitividad, pero llegado al final, y a pesar de un desenlace, digamos, curioso, no lo hace. ‘The Neon Demon’ podría hablarnos de la metamorfosis de un personaje, pero tampoco lo logra, porque ese personaje no cambia en absoluto. ‘The Neon Demon’ podría hablarnos del ensalzamiento del ego de alguno de los personajes, pero un monólogo a medio gas y cuatro planos de la protagonista besándose en el espejo no son suficientes. Para tratar todos estos temas ya tenemos la excelente ‘Cisne Negro’ de Darren Aronofsky o hasta (la injustamente vilipendiada) ‘Showgirls’ de Paul Verhoeven.

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Pero no, ‘The Neon Demon’ no es eso ni lo pretende, la película es una apología a la nada, a esa vacuidad que Winding Refn está mostrado en cada plano de su protagonista mirando al vacío, en cada panorámica de una ciudad desangelada, en cada habitación donde crees que sucederá algo… y no sucede nada, hasta que lo hace y entonces es demasiado tarde: uno ya ha desconectado de ese cóctel de colores neón, música electrónica y personajes sin nada que decir cuando parece que pasa “algo”, ese “algo” que debería provocarnos o generar una sorpresa y sólo logra generar más hastío y miradas furtivas a nuestro reloj (¿cuánto rato llevamos ya con esto, Nicolas?).

‘The Neon Demon’ apenas tiene trama, y no me refiero a que no sea narrativamente convencional, ¡hay estupendas películas donde sus guionistas rompen con lo establecido! No tiene trama porque Winding Refn se olvida completamente de sus personajes, estos no tienen ni el más mínimo interés para el espectador, ni tan siquiera consigue hacerlos seres odiosos, un recurso genial para hacer que aflore en nosotros un sentimiento homicida.

Una película de autor, en sentido literal

‘The Neon Demon’ es sencillamente vacía y consciente de serlo (¡espero!). Hablando claro (y con perdón): Nicolas Winding Refn nos la ha metido doblada, logrando colocar en gran cantidad de festivales (y seguro que en el olimpo de “lo mejor del año” para muchos críticos) un filme que no crítica lo que cuenta, sino que lo ensalza. ¿Está el director riéndose del espectador o está realizando una especie de ensayo o experimento sobre la superficialidad? ¿O quizás simplemente hace un alegato a su ser, un ejercicio de auto-onanismo? Sí, puede que sea esto segundo, ‘The Neon Demon’ no es más que una historia de narcisismo, pero no la de la joven Jesse o sus rivales, sino la del propio director.

Es por eso que no debes sentirte mal si crees que no has “entendido” ‘The Neon Demon’. No hay mucho que entender en lo último del director de ‘Drive’: ya en los títulos de crédito iniciales se muestran sus iniciales, NWR, al lado del título… ¿no es eso motivo suficiente para pensar que estamos viendo SU PELÍCULA y que nosotros como espectadores no tenemos lugar en ella?

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Lo mejor

  • Realmente transmite superficialidad (¿que en el fondo ensalza?)
  • Como spot publicitario de dos horas tendría su aquel

Lo peor

  • No hay evolución de personajes
  • Parece que pretende provocar, pero no lo logra
  • Cuando llega su acto final ya hemos desconectado

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