Sitges 2017: ‘Marjorie Prime’

Uno de los grandes temores cuando nos hacemos mayores es perder nuestros recuerdos. Perder nuestra movilidad nos hace dependientes, pero perder nuestras vivencias nos hace, además, perder el ser, lo que fuimos, lo que supone una auténtica tragedia tanto para nosotros como para los seres queridos que nos rodean. Sobre esto cursa ‘Marjorie Prime’, cinta de ciencia ficción realista en la que la anciana Marjorie empieza a sufrir los estragos del Alzheimer (Lois Smith) y se la pone en contacto con una versión en forma de holograma de su fallecido marido, Walter, cuando estaba en la plenitud de su vida (Jon Hamm).

Como si de un capítulo de ‘Black Mirror’ se tratara, ‘Marjorie Prime’ juega con una posibilidad que cada vez puede ser más viable: programar inteligencias artificiales que se nutren de nuestro conocimiento para formar su propia personalidad y, así, recrear a personas que ya no están entre nosotros. Ante este avance técnico no todos los personajes reaccionan igual: la anciana Marjorie no acaba de distinguir ficción de realidad, por lo que ver a su marido joven no la sorprende. Su hija Tess (Geena Davis), en cambio, es reacia a estos avances tecnológicos, y la degeneración de su madre le duele más si cabe al ver a su falso padre allí presente. Por último, Jon, el marido de Tess (Tim Robbins), se muestra más abierto a este avance y será quien proporcione al Walter holograma los recuerdos que facilitarán su relación con Marjorie.

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El planteamiento de ‘Marjorie Prime’ es excelente y como en la mencionada ‘Black Mirror’ o en la película ‘Her’ (Spike Jonze, 2013), podría haber dado para una pieza de cine de lo más necesario. Un drama familiar en que la reflexión sobre qué son los recuerdos se mezcla con la idea de qué nos pueden aportar las nuevas tecnologías hubiese funcionado a las maravillas con una buena dramaturgia, y aquí surge el gran hándicap de la película.

‘Marjorie Prime’ es la adaptación de una obra de teatro, y sus guionistas Jordan Harrison y Michael Almereyda (este último, también director del filme), no han sabido reformular ciertas cosas para que el paso al celuloide sea exitoso. El problema no está en el formato dialogado del filme o en la falta de localizaciones (recordemos ‘Un dios salvaje‘), sino en una frialdad que funciona en los escenarios por la distancia del público con los actores pero no en la gran pantalla. Smith, Davis, Hamm y Robins cumplen con sus roles (en especial Smith), pero esto no resulta suficiente en una película que cae constantemente en la monotonía y que no logra emocionarnos (y con un tema tan cotidiano no parecía tan difícil a priori).

El mensaje de ‘Marjorie Prime’ es claro y poderoso pero no justifica una película de más de 90 minutos. Quizá Harrison y Almereyda hubiesen dado en el clavo si hubiesen optado por un corto (realmente se puede comprimir la trama en 15 minutos) o hubiesen arriesgado más introduciendo a su película algún elemento cinematográfico con el que el espectador hubiese podido conectar más.

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Lo mejor

  • Su reflexión sobre el paso del tiempo y los recuerdos
  • Buenos intérpretes, especialmente la veterana Lois Smith (también fue la Marjorie de la obra de teatro)

Lo peor

  • No despierta emociones, a pesar de su cotidiana trama
  • Alargada y monótona

Lee más crónicas del Festival de Sitges 2017 haciendo clic aquí.

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