Sitges 2018: ‘El apóstol’ de Gareth Evans

 
 
La irrupción del realizador galés Gareth Evans no pudo ser más impactante. Las dos entregas de ‘Redada Asesina’ (‘The raid’), significaron toda una revolución dentro del cine de artes marciales: violencia realista, coreografías imposibles y ritmo incesante que enamoraron a numerosos fans del género.

Dan Stevens configura a en Thomas un antihéroe distante, seguro en sí mismo, pero victima de sus adicciones.

La acción deja paso al horror

 
En ‘El apóstol’ (su primer filme rodado en inglés) Evans, cambia de tercio, dejando los edificios de las urbes de Indonesia para adentrarse en un siniestro pueblo de su Gran Bretaña natal, a principios de siglo XX. Sin embargo la tensión creciente y la lucha por la supervivencia son elementos en común en su cinematografía, estando muy presentes en este relato de “folk horror” británico inspirado en clásicos del género en los años setenta (el más obvio es The wicker man de Robin Hardy) e incluso acogiendo ese tono crudo de algunos filmes de Sam Peckinpah.

La historia data del año 1905. Thomas Richardson (un gran Dan Stevens) viaja a una zona remota para rescatar a su hermana, secuestrada por una misteriosa secta religiosa que pide un rescate por ella. A medida que se introduce en la comunidad, y va conociendo a los lugartenientes, Thomas irá descubriendo secretos que le pueden costar la vida.

 

Michael Sheen es Malcolm, el carismático líder del poblado, un tipo capaz a cualquier tipo de sacrificio por salir adelante.

Una investigación de lo más peligrosa

 
Con un arranque que tiende a lo detectivesco, el protagonista, se verá inmerso en un imprevisible “tour de force” dentro de una sociedad aparentemente idílica. La isla de Erisden, de hecho, se convierte en una claustrofóbica prisión en donde unos pocos utilizan los cultos para manipular a la gente llevándolos hasta cauces difícilmente comprensibles, siempre bajo el yugo del castigo y la culpa.

Esta comunidad representa, en la piel de sus personajes principales, una Europa actual resquebrajada, corrupta y temerosa donde se impone la política del miedo que fue la que presumiblemente empujó a Inglaterra al Brexit, o la misma que hace brotar a los más peligrosos populismos de extrema derecha.

El fanatismo y el poder, pues, son conceptos muy arraigados en ‘Apostle’ y Thomas, será testigo directo de ello. Mientras la trama avanza el clima de desconfianza se vuelve irrespirable y las conspiraciones, las traiciones y engaños aparecerán de forma natural para desembocar en un último acto donde el suspense deja paso al horror más sobrenatural y salvaje.

¿Y qué hay de esa acción adrenalínica “made in Evans”? Aunque sin duda estamos ante un filme extremo, la violencia aparece a cuentagotas en forma de secuencias de crueles torturas, o momentos de supervivencia al límite.

Torturas “al más puro estilo” edad media

Fé en el caos

 
El gran punto ciego que encontramos a la cinta es que difícilmente vemos más allá de los ojos neutrales de Thomas, y aunque sufrimos en su travesía particular, no llegamos a empatizar lo suficiente con su causa perdiéndonos por la neblina de una trama caótica que, en su indefinición, flaquea.

Evans utiliza esta fábula de terror con mitos y leyendas paganas para realizar una contundente crítica hacia el irresponsable maltrato a la tierra. La madre naturaleza aparece recurrentemente en primera persona, como ese ser superior al que tantos rinden culto, pero que está siendo absolutamente explotada, humillada, mancillada a merced de los oscuros designios del hombre.

En conclusión, ‘El apóstol’ siendo un más que decente exponente del cine de terror “folk, con un subtexto contundente y aunque no tiene nada que envidiar del virtuosismo y la capacidad visual de los films de ‘The raid’ (amén al excelente trabajo del equipo técnico), lamentablemente quizás quede etiquetada como una rareza de culto con menos relevancia que sus hermanas orientales de artes marciales.

 

Cartel de ‘El apóstol’ (‘Apostle’) de Netflix

 

Puedes ver ‘El apóstol’ en Netflix a partir del 12 de octubre.
 

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