Sitges 2018: ‘Piercing’ de Nicolas Pesce

 

 

 

En los primeros compases de ‘Piercing’ vemos como su protagonista, Reed (Christopher Abbott) acaricia con mimo un picahielo con el deseo irresistible de asesinar a un bebé que llora desconsoladamente. Sin embargo, en lugar de masacrar a su propio hijo, planea un falso viaje de negocios con la intención de contratar a una prostituta de S&M, Jackie (Mia Wasikowska) y esta vez sí, saciar sus perversiones homicidas.

El arte de matar

 

Bajo esta premisa arranca está película dirigida por Nicolas Pesce (‘Eyes of my mother’), basada en un relato de Ryu Murakami, escritor de ‘Audition’ que adaptó en su momento Takashi Miike. Pese a las inevitables similitudes el realizador se aleja de los excesos del Miike y juega con más sutileza; Temas pop y el uso de un score con reminiscencias al Giallo de Argento, unos recursos visuales que evocan los thrillers ochenteros de Brian De Palma y la utilización de un corrosivo humor que equilibra a unos personajes que tampoco son demasiado expresivos.

De la trama poco se puede desvelar. Resuena el eco al clásico ‘American Psycho’ de Bret Easton Ellis ya que la cinta está narrada bajo el singular prisma del protagonista. Patrick Bateman alimentaba su monstruo interior tras las frustraciones e insatisfacciones de vivir en piel de niño rico burgués. En cambio Reed no busca ni perfección, ni reconocimiento, ni encajes sociales de ningún tipo. Sólo ansia colmar una irrefrenable sed de sangre sin levantar sospechas.

Reed es casi una parodia de psychokiller moderno. Un pobre y patético diablo, al que resulta divertido verle enredarse en su propia tela de araña tras cruzarse otro personaje tan (o más) inestable como él. Las tablas de una joven pero experimentada como Wasikowska se notan y con su presencia el filme gana en interés. Tras su aparición la historia deriva a un desquiciado y sangriento juego del ratón y el gato. Pero… ¿Quién es quién?

 

Perforaciones nocturnas

 

La cinta transcurre en una sola noche, perdiéndose por momentos entre pensamientos, visiones y perversiones de sus personajes. Incluso juega con la osadía de llevar al público al interior de las ensoñaciones traumáticas y surrealistas de su protagonista. Escena que más allá de enriquecer la trama obedece más a un deseo del autor de lanzar un guiño a las bizarradas gore del director de ‘Audition’.

En definitiva, ‘Piercing’ nos balancea sinuosamente entre la comedia negra y el terror psicológico. Pero pese a su elegante y notable virtud estética, ni pincha ni corta demasiado hondo a un espectador más que curtido. Pesce nos deja con la sensación de que algo más de locura, y algún que otro giro argumental, no le hubiera ido mal.

 

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