‘Star Wars: El ascenso El ascenso de Skywalker’, de J.J. Abrams

Daisy Ridley en 'El ascenso de Skywalker'

Es innegable que la nueva trilogía de Star Wars no ha resultado un camino de rosas, precisamente. Las prisas por parte de Disney en la producción, el cambio de realizadores (tan distintos en sus planteamientos), la lluvia de críticas de los fans y especialmente el fallecimiento de Carrie Fisher, han sido piedras en un camino que ni el más poderoso de los Jedi podía solventar fácilmente.

Tanto ‘El despertar de la fuerza’ como ‘Los últimos Jedi’, fueron piezas que con sus defectos (en algunos casos, groseros) y virtudes, eran superproducciones de aventuras totalmente disfrutables e incluso superiores en algunos aspectos a sus antecesoras, (por mucha herejía que parezca, sin ir más lejos en la dirección de actores y el factor “humano” de sus personajes principales).

¿El gran problema de estos episodios? La cohesión, no eran realmente sólidas. El hecho de estar ante dos piezas de diferentes autores (J.J. Abrams y Rian Johnson) con su visión particular del Universo Star Wars, nos ha dejado un producto muy poco homogéneo y repleto de incoherencias argumentales. Si ‘El despertar de la fuerza’ de J.J. Abrams era prácticamente un remake encubierto de ‘Una nueva esperanza’ y contenía todos los elementos fundamentales de la saga para conformar al fan purista… ‘Los últimos jedi’ era todo lo contrario; desafiaba al fan clásico, proponía nuevos enfoques sobre la fuerza y la figura del Jedi, arriesgando a muchos niveles con el fin de sorprender, ser original y a su vez… emocionar.

Oscar Isaac, John Boyega y Daisy Ridley en 'El ascenso de Skywalker'

Una entrega final que recurre al villano de siempre

Estos vaivenes a nivel conceptual dentro de una misma trilogía se manifiestan especialmente en ‘El ascenso de Skywalker’, un cierre que resulta igual de entretenido o más que sus antecesoras, pero que no soporta un análisis minucioso a nivel argumental. A estas alturas a una cinta como esta le exigimos algo más que personajes entrañables, chutes de nostalgia y un ritmo incesante. El guión del filme (escrito por Abrams y Chris Terrio -autor de la discutida ‘Batman v Superman: El amanecer de la justicia’) es más bien pobre, el desarrollo de los personajes poco profundo y los giros y revelaciones, poco creíbles.

La trama de ‘El ascenso de Skywalker’ arranca un año después de los eventos de ‘Los últimos Jedi’: El emperador Palpatine (Ian McDiarmid) ha estado vivo todo este tiempo, por ese motivo el líder supremo Kylo Ren (Adam Driver) en cuánto lo descubre va en su búsqueda. Palpatine le ofrece al joven una flota estelar para poder dominar toda la galaxia con mano de hierro, pero a cambio le pide a Kylo que destruya a Rey (Daisy Ridley). Mientras, la propia Rey, Finn (John Boyega) y Poe (Oscar Isaac), tienen como objetivo encontrar un artefacto que les llevará al emperador con el fin de detener sus maléficos planes.

Sólo leyendo parte de la sinopsis ya comprobamos hasta qué punto ha habido falta de inspiración para tener que recurrir al emperador Palpatine como el gran villano de la función. No solo resulta una decisión que se nos antoja equivocada e improvisada (a pesar del buen hacer de Ian McDiarmid) sino que además significa manchar de algún modo aspectos intocables de la trilogía clásica, algo que resulta indignante e imperdonable para el fan clásico. ¿De qué sirvió el sacrificio final de Anakin/Darth Vader en ‘El retorno del Jedi’?¿Por qué el emperador ha estado en la sombra todo este tiempo?¿Qué necesidad tiene la Primera Orden de recurrir a la ayuda del emperador, si ya domina sobradamente la galaxia?

Daisy Ridley en 'El ascenso de Skywalker'

Abrams co-escribe un libreto fallido y al servicio del fan

Además de estas preguntas sin respuesta, este punto de partida se convierte en una bola de nieve de despropósitos que se va acrecentando y afectando a otros giros en la trama que resultan muy cuestionables, casi inverosímiles, y que a la postre resultan de vital importancia para el devenir de la historia. Hay que tener una visión muy poco crítica o ser poco exigente como espectador para aceptar todo este tipo de derivas argumentales que más parecen sacadas de un teoría de un aficionado publicada en un foro en TheForce.Net o cualquier canal de YouTube de Star Wars que de unos profesionales del séptimo arte.

Intuimos que ha sido como consecuencia del miedo de Abrams a crear algo nuevo, a tomar decisiones arriesgadas e impopulares o que se salgan del estricto código del fandom. En lugar de eso, ha realizado un paso atrás; recurriendo a lugares comunes, personajes que ya no dan más de sí (lo siento por Lando Calrissian) y repetir la misma historia de siempre. De hecho el realizador de Nueva York dedica gran parte del metraje a lanzar indirectas, poner parches y “cerrar heridas” (en algunas escenas, literalmente) en contraposición de algunas de las interesantes vías* que Rian Johnson dejó abiertas en el episodio VIII.

Por poner un ejemplo; en ‘El ascenso de Skywalker’ -quizás el título ya es una pista- los apellidos, el linaje, la sangre… vuelve a cobrar un gran importancia. Recuperando la idea que la fuerza solo está al alcance de “los elegidos”, un concepto muy recurrente en la franquicia y que en la anterior entrega se dejó en entredicho.

Adam Driver y Daisy Ridley en 'El ascenso de Skywalker'

Duelo de sables a nivel creativo

Si bien el realizador de ‘Super 8’ pudo recoger el goloso testigo que le dejó Johnson, lo rechazó con el mismo desprecio que Luke desechó su propio sable láser en el arranque de ‘Los últimos Jedi’ -siendo justos, Johnson lo hizo antes-. Una actitud que puede contentar a priori los enemigos más acérrimos del realizador de Puñales por la espalda’, pero es algo que perjudica a la coherencia interna de esta trilogía. Al final el espectador medio no está interesado en disputas de autor, que a veces incluso hasta desconoce, solo quiere disfrutar de una grata experiencia cinematográfica.

Si bien es cierto que Rian Johnson en algunos aspectos artísticos se pasó de frenada, Abrams no está libre de pecado: Aunque ‘El Despertar de la fuerza’, fue un buen punto de partida para este nuevo serial, también es verdad que fue demasiado complaciente dedicando más tiempo en contentar al fan clásico a base de nostalgia y replicar escenas del episodio IV, que en construir un guión a largo plazo y plantar unas bases lo suficientemente sólidas. Seguramente porque pensaba que no volvería a coger las riendas de la nave.

Es precisamente por eso que tampoco queremos hacer más sangre con el amigo J.J, que tuvo que volver al timón de la franquicia de un modo apresurado y con un material difícil de conjuntar para un capítulo final. Y porque no queremos comulgar con ese odio histérico que inunda las redes. Tampoco la trilogía clásica era el culmen de la narrativa, ni de la coherencia argumental… eran fundamentalmente grandes espectáculos, películas entretenidas y no tan ambiciosas a nivel artístico como a nivel de negocio. La diferencia principal reside en que en su momento las visionamos sin necesidad de juzgarlas. Es por eso que este episodio también merece una opinión constructiva y que resalte sus virtudes que también las tiene, por supuesto.

Adam Driver y Daisy Ridley en 'El ascenso de Skywalker'

En esencia, sigue siendo Star Wars

Lo cierto es que dejándonos llevar y usando los ojos de un niño, uno puede disfrutar de lo lindo con ‘El ascenso de Skywalker’, sintiéndose inmerso de lleno en el Universo Star Wars. Este episodio IX, a nivel de estructura se asemeja fundamentalmente a ‘El retorno del Jedi’. Una space opera de aventuras que no da tregua, con numerosas escenas de acción de indudable calidad; persecuciones, duelos de sables, batallas de naves, el recurrente camino del héroe y un clímax con enfrentamiento final contra el mal.

La iconografía de la saga es más que reconocible en el filme, la paleta visual de los diferentes escenarios es realmente rica y variada. Ese baile coreografiado de sables láser sobre las ruinas de La Estrella de Muerte entre las olas gigantes del planeta Kef Bir reúne un halo de belleza sólo al alcance de este tipo de cine, lo cual es plausible.

Otro aspecto positivo: pese a la dificultad que entrañaba volver a mostrar a Carrie Fisher -tras su fallecimiento en la vida real- en pantalla, no sólo se ha conseguido salvar la sub-trama de Leia de un modo decente, sino que además juega un papel trascendental, tal y como merecía este personaje.

Finalmente, como no, destacar el trabajo siempre excelso de John Williams con la Banda Sonora, que mejora cada una de las escenas del filme con una composición de partituras que son familia directa de aquellos temas clásicos que ya tenemos instalados en nuestro subconsciente, especialmente destaca en el último acto, donde la épica es total protagonista.

Adam Driver y Daisy Ridley en 'El ascenso de Skywalker'

Kylo y Rey, lo mejor de esta trilogía

Y quizás, por encima de todo… por primera vez en esta nueva trilogía los personajes de esta generación (Rey y Kylo Ren) llevan por sí mismos el peso de la historia sin necesidad de apoyarse en los antiguos -De hecho, los personajes clásicos, son prescindibles-. Se nota que tanto Rey como Kylo son los personajes más cuidados a nivel de escritura y en los cuales la evolución resulta más evidente. Rey, se confirma como la sucesora de Luke y Kylo como ese antagonista lleno de matices que ya se vislumbraba en las entregas anteriores.

Daisy Ridley y Adam Driver destilan carisma y resultan de lo más convincente, -pese a que el material no les acababa de acompañar- el vínculo entre ellos es más robusto que nunca y la química es real, así como la relación directa con el resto de personajes, como Finn y Cameron Poe, -cuyas tramas son secundarias- y no gozan de la profundidad que esperábamos. Luke, Han o Leia ya tienen a sus herederos directos, que están instalados con merecimiento en el olimpo de la historia de la franquicia.

Al fin y al cabo uno de los leit motiv del inicio de esta nueva trilogía precisamente estaba focalizado en el “dejar paso a lo nuevo”, en el cambio generacional y el valor del legado, remarcando que por mucho que pasen los años -y las décadas- existen determinados conceptos y temas que son totalmente atemporales; la búsqueda de la identidad propia, la superación personal, el poder de la amistad y por supuesto… la sempiterna la lucha del bien contra el mal.

Oscar Isaac, John Boyega y Daisy Ridley en 'El ascenso de Skywalker'

Star Wars seguirá llenando salas… y creando controversia

En definitiva, ‘El ascenso de Skywalker’ de J.J. Abrams es una película que pese a lagunas, contradicciones e incoherencias argumentales no aburre en absoluto y seguro convencerá al espectador medio. Pero, como cierre de esta nueva trilogía de ‘Star Wars’, no ha sido lo suficientemente sólida y creará debate entre los aficionados más pasionales. Sin embargo, si reflexionamos y analizamos objetivamente puede que no exista tanta diferencia entre estas cintas y las películas clásicas orquestadas por George Lucas, -que también tenían sus pros y sus contras-, si no que es nuestra mirada la que probablemente ha cambiado.

Lo único seguro es que, por mucho que pase el tiempo, esta saga sigue con mucha vida, así que tendremos ‘Star Wars’… hasta el fin de nuestros días.

Cartel de 'Star Wars: el ascenso de Skywalker' (2019)

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