Valor de ley: Opinión.

Hay quien cree que el género del western falleció hace mucho tiempo, y que su época dorada ya pasó. Quizás esté de acuerdo con la segunda parte, pero desde luego, cada cierto tiempo, caen a cuentagotas films, que lo recuperan con más o menos acierto. Esta vez se han atrevido los hermanos Coen (‘Fargo’,‘Muerte entre las flores’) con ‘Valor de ley’ remake del film de un especialista en el género, como fue Henry Hataway en 1969, una visión más ingenua y agradable de la historia (más orientada a cine de aventuras), y en la que destacó la brillante labor de un carismático y veterano como John Wayne que le supuso su único (y merecido) oscar como actor.

Rooster Cogburn

Los directores americanos afirman sin embargo de que más bien se trata de una readaptación de la novela original escrita por Charles Portis, más cercana a los Coen en el espíritu, la profundidad y sentido del humor que el film de Hataway, aún y así, este género que desde luego no les es ajeno, puesto que ya coquetearon con él, en la premiada ‘No es país para viejos’, donde ya se destilaba un aroma a lejano oeste.

La historia de Valor de Ley comienza en otoño de 1877 en Forth Smith, (Arkansas) donde la joven Mattie Ross de tan sólo 14 años, tras el cruel e injusto asesinato de su padre por el forajido Tom Chaney, decide darle caza. Para ello contrata los servicios del veterano agente federal Rooster Cogburn: tuerto, huraño y alcohólico, un tipo que parece en principio poco de fiar para perseguir al criminal hasta territorio indio. Aún y así se embarcarán a la aventura acompañados por LaBoeuf, un Ranger de Texas que busca a Chaney acusado por el asesinato de un senador.

En busca del fugitivo

Si hay algo admirable de estos directores, es que además de realizar proyectos muy personales donde, el guión y la dirección están por encima de todo, saben como sacar el máximo provecho de todo su equipo. Si esta película funciona es en gran medida gracias a ello. Todos llevan mucho tiempo juntos y saben como trabajar y se convierten en ese “factor X” que dan ese toque diferencial a los Coen del resto. (Algo que hacen otros grandes cineastas como Clint Eastwood o Martin Scorsese).

Destacamos un excelente diseño de vestuario (de mano de Mary Zophres), una dirección artística exquisita (llevada por Roger Deakins ) que sumada a la evocadora banda sonora del compositor Carter Burwell nos sitúan e hipnotizan con los bellos territorios del viejo oeste tejano.

Mattie Ross

Mención a parte merece el trabajo de todo el reparto sin excepción, empezando por (el gran)Jeff Bridges, que lejos de intimidarse por la brillante interpretación de John Wayne en la primera versión del film, saborea el caramelo envenenado con gusto encarnando al ya mítico antihéroe Rooster Cogburn  y ofreciéndole más matices si cabe, arrancando de cuajo ese aire glamoroso que siempre tenían los personajes encarnados por “el duque”, y convirtiendo a Cogburn en uno de los personajes más patéticos, mezquinos pero a la vez entrañables de la historia del western.

  Sin embargo el gran hallazgo es sin duda, la joven actriz Hailee Steinfeld (Mattie Ross), que actúa como toda una veterana y lleva gran parte del peso del film, apoyada en unas líneas de diálogo cargadas de mordacidad, elocuencia y elegancia, además su química con el personaje de Bridges es innegable y fomenta uno de los grandes atractivos del film.

Mattie y LeBoeuf

Quizás cojee el personaje de Matt Damon (LaBoeuf), que a pesar de no desentonar, no está al nivel excelso de sus compañeros de viaje, y puede que la etiqueta de superestrella/sex-symbol (como en su momento le sucedió a Leonardo DiCaprio) no le haga ningún favor cuando le llega un papel de estas características, ya que siendo un buen actor, aún no se le recuerda ninguna interpretación memorable. Sin embargo queda presente en su peculiar y dificil alianza con el personaje de Bridges, la representación de las dos Américas, tan opuestas, siempre enfrentadas, pero de necesaria comunión.

Por otro lado actores secundarios como Josh Brolin o Barry Pepper, no se limitan a ser meras comparsas, sino que aportan su granito de arena al relato con personajes no exentos de carisma, como en su momento lo hicieron Jeff Corey, Robert Duvall o Dennis Hooper en la versión de 1969.

Cabalgando...

Esta versión de ‘Valor de ley’ es un film complejo a pesar de su aparente sencillez, no busca la trascendencia, aunque quizás por ello, la consigue y se aleja de mitificaciones para dejarse llevar más de los poderosos diálogos y el carisma de sus personajes de la novela que de las situaciones que les envuelven. Los hermanos Coen (a los que últimamente les sienta mejor el drama que la comedia) destapan el tarro de las esencias del viejo oeste, firmando un remake (o readaptación) atípico, lejos de estereotipos (en este western no veremos peleas de bar, duelos al sol, o asaltos al tren) y retratan esa América salvaje de finales de siglo XIX, desde su prisma, sin perder estilo, pero con la eficacia del género antaño, con un equilibrio casi perfecto entre la clásica solemnidad y el triste y áspero realismo, con delicadas pinceladas poéticas del western más crepuscular, a fin de cuentas un ejercicio de auténtico valor.

Mi puntuación: 8,5

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