Hablamos de… ‘La ciudad de las estrellas (La La Land)’

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“¿Cómo vas a ser un revolucionario si eres tan tradicional? Estás anclado en el pasado pero el jazz trata sobre el futuro”. Esta frase, pronunciada por Keith (interpretado por el cantante John Legend) es un buen resumen de ‘La Ciudad de las Estrellas (La La Land)’. La película de Damien Chazelle es como el jazz de Keith, un homenaje al musical clásico pero hecho mirando al futuro, con personajes de hoy en día y una ciudad de ensueño pero en la que hay atascos de tráfico y transeúntes ajetreados con el smartphone en una mano y el frapuccino en la otra. Eso sí, ciudadanos de a pie que en cualquier momento pueden arrancarse a entonar unas notas o a bailar claqué encima del capó de un coche.

Esta sabia reinterpretación del musical clásico es el gran mérito de ‘La La Land’: Damien Chazelle utiliza todos los códigos del género y los adapta a nuestros días, en una película que es homenaje a los clásicos y un paso adelante en el género sin necesidad de ser rupturista o optar por raros experimentos de estilo. Ahora bien, ¿se abusa del pastiche para lograr esta resultona mezcla?

Se ha dicho que ‘La La Land’ gustará a los fans del musical clásico por sus continuas referencias a los iconos del género: de los bailes de Fred y Ginger a los números grupales coloridos del cine de Jacques Demy, pasando por unos planos calcados de ‘Grease’, y obviamente, a toda una secuencia dedicada a ‘Cantando bajo la lluvia’, además de continuos guiños a esta obra maestra. Es bonito ver una reinterpretación de lo que adoras, pero nadie va a ver una película de Tarantino solo por su homenaje al olvidado cine de serie B, también se acerca a una sala de cine esperando un buen guión o personajes icónicos. ¿Lo mismo debería pasarán con La La Land, no? Y aquí es donde la película de Chazelle flojea.

Los dos protagonistas de ‘La La Land’, Mia y Sebastian (unos Emma Stone y Ryan Gosling con una química infalible) son tan adorables como planos, un par de jóvenes de sobrado talento pero de poca profundidad psicológica. De ella sabemos su empeño en ser actriz, su halo soñador y cierta inmadurez propia de la edad. De él su mitomanía por el jazz y por el modo de vida que representa, filosofía de vida que evoluciona por las circunstancias… ¿Que más?

La historia de amor entre Mia y Sebastian es tierna, se insiste en aquello de que hay que sacrificar cosas para alcanzar la cima artística, pero más allá del momento esperado de la discusión cuando uno de los dos empieza a triunfar, no hay grandes conflictos en su relación. Ninguno de los dos es un pobre diablo, como Liza Minnelli y Robert De Niro en ‘New York, New York’ (es inevitable buscar paralelismos con la película de Scorsese), sino dos jóvenes que, si las cosas no salen como se espera siempre pueden volver a sus respectivos nidos familiares. Muy millenial, muy del siglo XXI. Lucha por tus sueños, sino lo consigues siempre puedes llorar el tiempo que necesites en casa de Mamá.

Cierto es que el musical de toda la vida nos ha demostrado que no hace falta crear personajes atormentados pero, ¿qué hay de un buen antagonista? Hasta las películas más ligeras de este género cuentan con algún personaje que pone trabas a la felicidad de nuestros héroes. La Lina Lamont de ‘Cantando bajo la lluvia’ se lo pone muy difícil a Kathy Shelden a todo el equipo de ‘El caballero danzarín’ y Danny Zucko no es muy querido por sus ex-compañeros de banda de macarras, lo cual hace que su relación con Sandy peligre. Estas situaciones son las que generan conflictos, un conflicto casi inexistente en ‘La La Land’.

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Una película ambientada en el mundo del show-business hubiese sido una oportunidad ideal para introducir a un antagonista en forma de rival de uno de los protagonistas, pero ni por asomo se acerca una figura así en las vidas de Mia o Sebastian. No era necesario que Damien Chazelle repitiese la crudeza de ‘Whiplash’, su anterior película, pero la aparición de una rival escénica de Mia o de una traba en la carrera musical de Sebastian hubiesen dado mucho juego, y quizás un nuevo número musical inolvidable.

A pesar de esto, comprendo la apuesta de Damien Chazelle: ha decidido que quedarse solo con la esencia del musical clásico, su color, sus bailes y su artificio, es decir, su lenguaje y estética. Un juego de luces, colores y sonidos que, en tiempos difíciles, levanta el ánimo y hace que nos olvidemos por un par de horas de los problemas cotidianos y las desgracias del mundo. Lo curioso es que, si bien en parte se consigue esta desconexión, ‘La La Land’ acaba siendo una película profundamente melancólica.

Aunque la primera canción de la película es “Another Day of Sun” (“otro día de sol”) y es una gran declaración de intenciones, al salir del cine las notas que resonarán más en nuestra cabeza serán el tema de Mia y Sebastian, una pieza de piano con influencias de George Gershwin y ese precioso tema intimista llamado “City of Stars”,.

Ambas son canciones dulces y pasionales, pero también algo tristes, y curiosamente dan dos de las mejores secuencias de la película, muy alejadas de los números musicales coreografiados. La primera significa el el encuentro de Sebastian y Mia que cambiará sus vidas. La segunda, tema recurrente en el filme, es una declaración de amor a Los Ángeles (esa ciudad de ensueño que “no tiene tan buenas vistas” pero donde todo es posible) y destaca en su aparición más larga, cuando una pareja protagonista enamorado y esperanzada la entona en el piano, con más sentimiento que talento.

 

A pesar de sus personajes algo planos Emma Stone y Ryan Gosling saben imprimir verdad a Mia y Sebastian, y precisamente donde más brillan son en estas escenas intimistas, más actorales, que no en los números musicales al uso, donde se hacen evidentes las limitaciones de ambos como bailarines y cantantes, sobre todo en la voz de Gosling.

Que se haya elegido a dos actores que no son bailarines y cantantes excelentes no es casual: forman parte del mensaje intrínseco de la película de Chazelle. ‘La La Land’ imita al musical clásico, pero es consciente de que jamás podrá ser uno de ellos, porque estamos en 2017 y nada vuelve a ser igual, por mucho que ahora esté en boga eso de hacer revivals de otras décadas.  Por eso, porque homenajea pero no copia, ni las estrellas son las que se esperan ni los números musicales tendrán esa magia de los 40. En este sentido la escena en la que los protagonistas van a ver ‘Rebelde sin Causa’ y el metraje se quema es una buena metáfora sobre la imposibilidad de retener el pasado… Eso por no hablar de su apoteósico número final.

Quizás en su mezcla de viejo y nuevo, en sus imperfectos números musicales y en una historia “light” no tan alejada de los dramas juveniles que revientan taquillas reside la magia que ha atrapado a millones de espectadores hacia ‘La La Land’: Chazelle ha logrado contentar a muchos fans del musical más al uso trufando la función de referencias muy reconocibles, mientras que la gente más joven o no versada en el género se contentará con una historia nada rebuscada sobre el amor y los sacrificios que hay que hacer por el éxito en la profesión artística, así como unos números musicales no excesivos.

El resultado final es un producto rodado con precisión milimétrica por Chazelle y bien interpretado por unos esforzados Stone y Gosling, pero algo falto de alma si nos empeñamos en diseccionarlo…Quizás ahí reside el error y por eso a algunos no nos ha atrapado totalmente ‘La La Land’: es posible que hayamos intelectualizado demasiado una película que sólo pretende hacernos soñar, igual que sueñan Mia y Sebastian por los techos estrellados del planetario de Los Ángeles en una de las escenas más emblemáticas del filme.

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Lo mejor

  • El precioso tema “City of Stars”, que envuelve casi  todo el metraje
  • La dirección de Damien Chazelle es impecable
  • No puede igualar a los clásicos del género, pero tampoco lo busca

Lo peor

  • Sus números musicales al uso son correctos pero no memorables
  • Mia y Sebastian son personajes tan adorables como planos
  • Se echa en falta un conflicto mayor o un antagonista
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