Sitges 2019: ‘Judy & Punch’

Judy en pie y Punch sentado posando.

El Sr. Punch y su esposa Judy eran los personajes principales de un espectáculo de marionetas de tradición inglesa e influenciados en la “Pulcinella” (o “Polichinela“) italiana fechada en siglo XVII con su origen en la familia de títeres de la commedia dell’arte. En el show, Punch golpeaba habitualmente con su vara a su esposa. Además de ellos, otros personajes como el bebé de ambos -que siempre moría de algún modo-, el perro que le robaba las salchichas al amo, la policía, un cocodrilo e incluso el mismísimo diablo que solía aparecer para llevarse al desdichado de Punch.

Obra que inspira a un filme, ópera prima de producción australiana escrita y dirigida por la actriz Mirrah Foulkes (The Gift) con Mia Wasikowska (Piercing) en el rol de Judy y Damon Herriman, conocido por encarnar al Charles Manson de ‘Érase un vez en Hollywood’ como Punch dos titiriteros que están tratando de resucitar su espectáculo de marionetas en Seaside, un pueblo rodeado de un bello entorno natural y no muy lejano a Londres, cuyo desgobierno lleva a sus habitantes a rendirse a las plegarias religiosas y los placeres del ocio.

La historia se desarrolla en formato cuento de hadas de humor negro y ambientado al más puro estilo folklore medieval, con absoluto protagonismo para Mia y Damon que fuera del éxito que tienen como marionetistas parecen replicar la vida de sus títeres; ella es una sufrida ama de casa que se desvive por su bebé y él un pícaro borracho, mentiroso que no sólo maltrata a su mujer… sino que envidia su talento artístico innato. Sin embargo en una sociedad corrupta y anquilosada en viejas tradiciones, Punch tiene las de ganar.

Punch abraza a Judy, que lo mira con dudas

El tono y la puesta en escena, fundamentales

Con el devenir de los acontecimientos parece que sus protagonistas pueden correr el mismo destino de los “ninots” de la obra que representan, -con el bebé, los viejos criados y el perro ladronzuelo incluido- algo que resultaría incómodo y desagradable si la cinta fuera un drama clásico, pero Foulkes lo cuenta en un tono de sátira bastante ligero, mostrando a Judy como una auténtica superviviente y a Punch como un ser tan patético por el que no sientes ni siquiera rabia.

Wasikowska tira de tablas y demuestra que sabe cómo interpretar a una dama de época -aunque en este caso, evolucione claramente a mujer de acción-, y Damon Herriman se saca de la manga una colección de muecas y registros cómicos que a nos invitan a estar atentos para conocer qué futuro le depara a su personaje.

Sin desvelar demasiado, la trama realiza varios giros allá donde acaba el show de títeres, cambiando el tono y pasando de un cuento de investigación criminal al estilo Conan Doyle a un relato de venganza más puro y duro. Lástima el guión decaiga y desemboque en un clímax que aunque hasta cierto punto resulta complaciente, su inverosimilitud lo convierte en una farsa tan poco creíble como cualquier obra amateur de teatro callejero.

Judy encapuchada y cabalgando un caballo.

Una ópera prima para tener en cuenta, pese a sus fallos

A pesar de ello, la obra de Foulkes es llamativa y plausible tanto en estilo como puesta en escena y al igual que en “La Polichinela” con sus títeres, la realizadora australiana mueve los hilos de sus personajes de carne y hueso con el fin realizar un retrato crítico de la vida social y cultural de una época y una región determinada.

Todo ello sumando un alegato a favor de un futuro sin anacronismos, lejos de mentalidades cerradas y con una sociedad que apuesta por mujeres empoderadas y liberadas de ataduras ni aranceles, que tienen algo más que contar y hacer… más allá de las tareas del hogar.

 

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